viernes, 31 de diciembre de 2010

31/12/2010

Sin duda no pasaría de ser un día cualquiera, un día normal, pero su situación estratégica en el calendario lo convierte en ese día especial, en ese último día de un año; el día en el que intentamos atrapar todos los recuerdos y todas las vivencias del largo año que despide.
El día de enfrentarnos ante la difícil tesitura de elegir esos bonitos recuerdos, otra vez ante este papel en blanco que quiere recoger esos momentos sin menospreciar otros que quizás en otra circunstancias serían dignos de las mejores crónicas.
Elegir una carrera, la mejor carrera que he corrido este 2010, me resulta difícil; me quedaría con todas, todas tienen una historia especial, pero obligado a elegir me quedo con la II media maratón de León, por ser la de la consolidación de una prueba, la de una ciudad volcada con su carrera.
También especiales fueron esos dos maratones: Madrid y Castellón.
Distinguir esos momentos especiales, emotivos, me resulta aún más difícil, y como las normas las pongo yo no voy seleccionar uno solo, sino tres: el momento del encuentro con mi hija en la media de León, la llegada de Mapoma de la mano de mis sobrinos, Lucia y Enrique, y la llegada de la travesía integral de los Montes Aquilianos junto a mi amigo Ángel.
Buscar una fotografía de las cientos que me han sacado, en las que se combine la improvisación y la ocasión de ver algo especial, me resulta no difícil, sino que muy difícil, pero me voy a quedar con tres, dos que para mí sintetiza el espíritu del atletismo popular, amistad y complicidad, y mucho, mucho sufrimiento:
Foto de Ángeles

Cortesía de fotos Gijón

Cortesía de Juan Antonio

Aunque lo mejor de todo, mi mayor satisfacción, es la cantidad de gente que he conocido, gente que día a día, carrera tras carrera, entrenamiento tras entrenamiento van formando la palabra amistad.

jueves, 30 de diciembre de 2010

OTRO FIN DE FIESTA

La San Silvestre Leonesa ha tenido la culpa de que un año más cumplamos con nuestra particular manera de celebrar las fiestas, corriendo; recorriendo esas calles que día tras día han ido viviendo nuestra rutina; un rato de día al lado de nuestros amigos, con esos amigos con los que hemos compartido otras carreras y otros buenos momentos.
Esta carrera por esas cosas de la vida iba a ser especial para mí, era la primera (con chip) que pensaba correr de principio a fin con mi hija; en mi pensamiento estaba no agobiarla y correr a ritmo de 05:30, solo correr; y con esas premisas por ella conocidas (bueno de no agobiarla no había dicho nada), nos situamos en la línea de salida, después de ver, felicitar, y saludar a un montón de amigos; parte trasera, como quería Sonia; pistoletazo y nos vamos, “a mi ritmo, mi hombro siempre primero, coge la respiración”, sin prisas, la ciudad es nuestra; agradable recorrido por calles céntricas, disfrutando, escuchando la ciudad, escuchando la respiración de mi hija, “qué tal”, sé que va bien, pero pregunto, “bien”, “sigue así, vamos bien, yo marco el ritmo, tú solo corre”; seguimos viendo pasar León, Ordoño, Guzmán, Lancia, la plaza de toros que marca el inicio de una suave subida, pero subida al fin y al cabo; sigo dando ánimos a Sonia, sigo escuchando su respiración y oigo que le el ritmo ahora le cuesta, pero vuelvo a preguntar, “qué tal”, “no muy bien”, “venga, vamos bien, levanto el pie pero sigue mi ritmo", y sigue trabajando su carrera, sé que vamos bien, muy bien; último kilómetro, último esfuerzo; controlo el ritmo, últimos metros, últimas zancadas para alzanzar ese 30´20´´, que a mí me deja más que satisfecho, y a ella mucho más.
Y con esto ponemos el punto final a una carrera y el punto y a parte de un año plagado de ellas.

lunes, 27 de diciembre de 2010

ISOTÓNICAS Y BARRITAS…

…energéticas han dejado paso durante estos días a turrones, mazapanes y vinos espumosos; de comidas moderadas a copiosas comidas y largas tertulias, amenizadas por todo tipo de dulces; de días de trabajo a días de fiesta y jolgorio, a días, en ocasiones, de excesos; vivimos inmersos en unas fechas en que nuestras vidas tranquilas y organizadas se ven salpicadas por las prisas y el frenesí, pero en los que aún, a veces con dificultad, encontramos un hueco para salir a correr y seguir con los rodajes más o menos programados.
En mi caso y dentro de la vorágine he encontrado esos tres ratos de tranquilidad, esos tres momentos necesarios para que el cuerpo no se vaya de la rutina.
El martes, treinta y dos minutos de regreso a los entrenamientos, o mejor, de vuelta a los rodajes, ya que hasta después de las Navidades no empezaré la preparación de Mapoma.
El viernes y domingo acompañe en su entrenamiento a mi hija, ella ya ha empezado con su objetivo, que queriendo y con toda la ilusión del mundo he hecho mío; sesenta y ochenta y ocho minutos, respectivamente, de rodajes tranquilos y de mentalización.
Aún nos quedan días de carga de hidratos, proteínas y grasas extras, así que lo mejor será continuar corriendo para eliminar los excesos de la alegría.

viernes, 24 de diciembre de 2010

SENCILLAMENTE…

… FELIZ
NAVIDAD.

martes, 21 de diciembre de 2010

EN BUSCA DE OBJETIVOS

Después de unos días de descanso (merecido) de cuerpo y mente, apartando de mi esa euforia desmedida que invita a correr, correr y correr, cuando con toda la prudencia deberíamos hacer lo contrario, he vuelto a los entrenamientos.
Y he vuelto en un día gris plomizo, con una suave lluvia que dejaba resbalar sus gotas por mi cara, con un relajante y placentero rodaje de seis kilómetros, y he vuelto con ganas, con muchas ganas de afrontar esos objetivos ya programados, entre los que destaca por un motivo muy especial Mapoma, y todos esos que a buen seguro se irán añadiendo, y con la esperanza de disfrutar y compartir todos esos momentos con mis amigos.

jueves, 16 de diciembre de 2010

CASTELLÓN: EL DESPERTAR DE UN SUEÑO

Un viaje tranquilo nos lleva a la ciudad de Castellón; como tranquilos fueron los paseos del sábado, llenos de amena charla y de confidencias; y con esa tranquilidad y aún entre dos luces abandonamos el domingo el hotel, como si el día aún no quisiera dejarnos ir en pos de nuestro sueño; con parsimonia nos encaminamos hacía la zona de salida; con una indiferencia fingida dejamos que vayan pasando los momentos previos, pero no podemos fingir siempre, y tampoco es lo que queremos, ansiamos el instante de la salida, ese tiempo tan mágico; nuestros gestos, cada vez más nerviosos nos delatan, y la despedida de nuestros acompañantes, esos seres queridos que van a sufrir ese otro maratón, la anuncian más alto que la voz metálica que nos envuelve; situados en cajones imaginarios, escuchamos expectantes la cuenta atrás, 10, 9,….,6…., 3, 2, 1, y empezamos la marcha hacía un bonito sueño, ya no hay tiempo para los miedos.
Damos esos primeros pasos con lentitud, con la emoción contenida y compartida con mi amigo Abe, con Jan, con Halfon, con Raúl perdido de mi vista, al igual que Miguel, y con un montón de locos; recorro ese primer kilómetro en compañía de mis amigos, es una costumbre que me gusta cumplir, después ese apretón de manos que hace de despedida, “buena suerte”;y me voy por la estrechez de la calle Colón, ya no volveré a mirar atrás, la calle Mayor, me turba el corazón,mientras la calle Gobernador, calma el ánimo, fija las primeras prioridades, plaza Puerta del Sol, “¿en Castellón?”, la calle San Vicente nos lleva de nuevo al Paseo Morella y de ahí a la zona universitaria, y vuelta al centro de la ciudad, a la estrechez de esas calles que hacen más complicado correr; ahora corremos kilómetros en dirección al grao, ya van nueve y alcanzo el globo de 03:45, voy cómodo, me entra la duda, no sé qué hacer, sigo o me quedo a su amparo, decido aguantar en el seno del grupo y dejar correr estos kilómetros de asquerosa monotonía, solo rota por el volver de los corredores que nos preceden; llegamos al grao, kilómetro 13, y sigo refugiado en el numeroso grupo, voy relativamente tranquilo y en tiempos del objetivo, de ese sueño, lo que hace que me vuelva a plantear la estrategia, “¿qué puede pasar si arriesgas?”; y en el kilómetro catorce fuerzo la apuesta, arriesgo y abandono ese grupo, los dejo unos metros, lentamente, muy despacio.Castellón nos recibe de nuevo, el ánimo de la gente levanta el nuestro, siempre bajo la atenta y amenazante mirada del monstruo del kilómetro veinte, grande, muy grande, lo miro y miro el crono, el objetivo se me está yendo por dos minutos, pero no pasa nada hay margen; cruzamos la media y volvemos hacía ese ser gigantesco, lo miro, lo veo sin querer; otra vez las calles estrechas, ahora más llenas de gente, llenas de un apoyo que hacen el correr más fácil; el kilómetro 26 nos deja a merced de otro desierto, otra vez kilómetros por terrenos desangelados, a mi espalda oigo la algarabía del gran grupo, la he oído desde que lo abandone, nunca conseguí abrir demasiado hueco, pero tampoco nunca caí en el desánimo; y llega el kilómetro veintinueve, el kilómetro en que el grupo me alcanza y me rebasa, me agarro a él con uñas y dientes, pero no es suficiente, y se van, poco a poco pero se van; no me inquieta, soy consciente de que mi ritmo ha caído, pero sigo estando ahí, acomodo la marcha al nuevo escenario y dejo que los kilómetros pasen; otra vez el centro de Castellón, el 35, la gente volcada con los corredores, gritando sin descanso, llevándonos en volandas aunque solo sea unos metros; 36, me cruzo con Jan, “llego aunque sea andando” me dice; 37,veo a Abe, “vamos que lo tienes”, se que va a hacer un marcon; 38, los inquietos automovilistas nos apremian con sus claxon, “tendrán prisa”; 39, 40, 41, aún puedo recoger un pequeño premio, mejorar mi marca, o eso creo, aprieto, aunque a estas alturas es mucho decir, último giro y la meta a tiro de piedra, y a reventar de gente, última mirada al reloj para comprobar que el sueño se ha esfumado, el mejor y el otro, pero nadie me va a quitar este momento, veo a Ángeles, nos sonreímos, me encamino hacía ese pasillo que apenas deja que lleguemos a meta, últimos metros, últimos sueños antes de la victoria, de mi victoria, y de la de todos los que llegaron; traspaso esa divina raya, 03:46:29, feliz, muy feliz.
Atropelladamente estiro, repongo fuerzas y me voy en busca de Ángeles, a esperar la llegada de mis amigos y ver que todos, uno a uno, han conquistado Castellón; todos somos hoy un poco más felices, seguro.

jueves, 9 de diciembre de 2010

DOS DÍAS PARA SOÑAR

Entre fiesta y fiesta va transcurriendo la semana y con ella los entrenamientos que a ritmos tranquilos van calmando la ansiedad de querer llegar al día de Castellón antes de tiempo.
Hoy finalizo las tres salidas previstas para la semana, se acabó; han sido, como ya indique antes, rodajes tranquilos y cortos, no más de una hora, y es que ya no merece la pena forzar y además sería desacertado.
Si, se acabaron los entrenamientos, esos entrenamientos largos en soledad, esos entrenamientos de series, en ocasiones forzadas; entrenamientos que creo me llevan a Castellón en buenas condiciones y con ganas de hacer un buen maratón.
Ahora por delante dos días para soñar y para terminar de planificar la carrera, para templar el ánimo y aplacar el ímpetu, para repetir una y otra vez:“la carrera es larga, tranquilo”, para dejar que la mente viaje una y otra vez sobre esos grandiosos cuarenta y dos kilómetros.
Y después del sueño, el despertar del domingo, la hora de la verdad, la hora de ver cumplidos nuestros sueños o la hora de ver esos sueños rotos.
Suerte a todos y que al acaba la carrera nadie tenga pesadilla
s.

domingo, 5 de diciembre de 2010

A UNA SEMANA: CASTELLÓN

Al mismo tiempo que tomaba la decisión de acudir a Castellón me involucraba en un plan de entrenamiento de doce semanas; hoy termina la semana número once, solo falta una para la cita; hoy también se cumplen dos semanas del abandono de ese plan (las mismas de mi apagón informático), para volver al mío, al que me ha dado resultado en otras ocasiones y en el que me encuentro muy a gusto; un plan en el que tienen prioridad las sensaciones y el descanso.
Y esta semana, cuando ya queda tan poco, es cuestión de no estropear las cosas, así que las salidas han ido encaminadas a recuperar el esfuerzo y a buscar buenas sensaciones; empiezo el entrenamiento semanal el lunes, con una tirada de doce kilómetros (aproximadamente), bajo el amparo de la noche, con tranquilidad y sin forzar, cogiendo aire durante sesenta y un minutos.
El martes y miércoles doy paso a la otra prioridad, el descanso; y continuo recuperando sensaciones el jueves, en compañía de mi hija, que vuelve a las andadas, mismo recorrido que el lunes, y sesenta y tres minutos de noche, frío y nieve.
Vuelvo el viernes a la fría noche, a trotar plácidamente durante cincuenta y nueve minutos.
Y termino la semana, con la tirada larga del domingo, la última, y quizás la más importante; mañana desapacible, con un cielo gris plomizo, y un paisaje de un verde desgastado por el otoño, acompañado por un rio cristalino, y de un silencio de soledad, solo roto por el golpeteo de mis zapatillas y los latidos de mi corazón; veintidós kilómetros y ciento veinte minutos de buenas sensaciones; veintidós kilómetros y ciento veinte minutos más cerca del objetivo.
No quiero terminar sin recordar Málaga, mañana estará en el pensamiento de muchos de nosotros, ya que por sus calles se correrá su primera maratón, y seguro que algún amigo estará batiéndose el cobre; suerte para todos ellos, y en especial para Miguel que intentará bajar de 3h30´, y para Ángel que se enfrenta, si no me equivoco, a su 121 maratón.