Así es, y para disfrutar de esos retos, de esos objetivos con los que nuestro cuerpo siente algo muy especial, no hay nada mejor que correr; “¿para hombre y saborea un poco las carreras?” me dijo mi vecino Anselmo el pasado domingo mientras me disponía a iniciar un suave rodaje, “eso es precisamente lo que voy a hacer” le contesté; y eso es lo que hice, correr; correr con la mente puesta en los recuerdos, atrapando las vivencias que aún flotaban en mi cabeza para que se quedasen siempre en mi interior.
Y con esa premisa, la de disfrutar, empecé los rodajes semanales (esta vez el domingo) con una suave sesión matinal de veinticinco minutos, acompañada de ligeros estiramientos; para por la tarde volver a La Candamia, pero esta vez caminando, y sentir que mis piernas viven.
El lunes, después de la recuperación de ayer, realice el entrenamiento normal, cincuenta y dos minutos, sin apenas sentir molestias y con muy buenas sensaciones; la verdad es que no me extraña, ya que este año, aunque el resultado después no fue el que yo esperaba, llegaba al Anglirú en buena forma, pero hay días.
El martes me tome un pequeño respiro, y no por hacer caso a mi vecino, sino por no pasarme.
El miércoles es el día que el plan que tengo sobre la mesa, y que debería empezar el día 20, tiene dedicado a las series, así que quizás por empezar a acostumbrarme o a mentalizarme, y contando con la compañía de Sonia, que también las tiene en su plan, nos encaminamos a hacer 7x500+1´rec, más el consabido calentamiento y el merecido descanlentamiento; decir que las hice, y como hay que hacerlas, de más a menos, y que me siguen aburriendo, pero.
El jueves, aprovechando el buen tiempo cogí la bicicleta, para recorrer con Ángeles una distancia de 19 kilómetros; el caso es no parar.
El viernes, tengo previsto hacer una tirada de cuestas, así que nada mejor que acudir a los pinos, donde hay cuestas para dar y tomar, además de bonitos recorridos; coincido de nuevo con Sonia, en horaria y en ruta, así que juntos rodamos durante sesenta y tres minutos.
El sábado y por no parar vuelvo a la bicicleta y a la compañía de Ángeles, para acabar una placentera salida en 23 kilómetros.
Y así acaba una semana en la que he vivido una y otra vez el recuerdo de una bonita carrera.