Primero, y antes de correr, mucho antes, tenemos el encuentro precarrera; reunión que celebramos el sábado entorno a una mesa, donde entre bocado y bocado dejamos volar todas nuestras locuras, y ésto no es lo peor, lo malo es que algunas somos capaces de llevarlas a cabo.
Déspues, llega el momento de la verdad, el momento de la carrera.
Llego a nuestra quedada con Sonia, y poco a poco van apareciendo los demás, Abe, Ángel, Amador, Jaime y Lorenzo; entre el mogollón de corredores, saludo a Carlos, a Halfon, recogida de dorsales, prepapración, calentamiento mientras se acerca la hora de la salida; situados en la parte trasera del pelotón nos llega el eco del disparo, y aquí si que cada uno ya se va a lo suyo, no sin antes intercambiar los sinceros deseos de suerte.
Empiezo a trotar junto Ángel, que se convertira en mi sombra hasta el final, correr se hace complicado, esquivamos corredores y nos esquivan, por la izquierda, por la derecha, un roce por aquí, otro por allí; después del kilómetro 3 se puede correr ya mejor, es el momento de fijar el ritmo y de recuperar un poco el tiempo perdido, sin prisas, aún queda mucho; el recorrido es familiar, pero las sensaciones son distintas (estas siempre son distintas); el kilómetro 7, 8, 9, nos lleva al centro de la ciudad, donde el público se hace más numerosos, y donde el quejido de los claxón de los coches se hace más bochornoso; kilómetro 10 y vuelta a empezar, y como se tratase de una noria nos vamos a por la segunda vuelta, a ese recorrido familiar y a esas sensaciones tan distintas, tan dispares.
Sigo con Ángel, como no, kilómetro 11, nos esperan los nuestros Ester y Ángel-illo, y Ángeles; kilómetro 13 y se repiten los ánimos y las voces de Ángel-illo (que grande); nos alejamos, y zancada a zancada volvemos a ese centro de la villa, a la misma decoración de antes, gentío y prisas; kilómetro 19; kilómetro 20; último esfuerzo; último giro; kilómetro 21; entrada al estadio, y Ángel-illo entre nosotros, esprintando como un poseso para dejarnos en la meta con un tiempo de 1h44´22´´.
Recogemos la bolsa del corredor y rapidamente nos vamos a esperar al resto de amigos, Jaime, Abe, veo pasar a Halfon, a Carlos, y por fin Sonia, ya estamos todos, Amador y Lorenzo habían entrado con anterioridad; todos contentos con nuestras carreras y para celebrarlo ¿qué tal unas cervecitas?.
Y como siempre agradecer a todos los que estuvieron junto a nosotros dándonos sus ánimos, y a los que lo hicieron desde la distancia.
Y para terminar, no quiero dejar pasar por alto un hecho vergonzoso y sorprendente, preperpatrado por los organizadores, sucedido al finalizar la prueba; cuando fuimos a la zona del guardarropa a por la mochila, con el deber cumplido, nos encontramos con la desagradable sorpresa de que no había nadie de la organización al cuidado de las pertencias que habíamos dejado anteriormente, y de las que ellos se habían hecho responsables, reinando en la zona el caos, y dónde cada uno rebuscaba para encontrar su mochila.
Esto no puede suceder en una prueba que quiera tener nivel y prestigio, y si no se quieren responsabilizar de los efectos que no pongan guardarropa.