Historia de noches. Historias de lunas. Con el frontal en mi frente, aún apagado, espero el
momento del ¡ya!; el momento de correr la noche. Arrancamos deprisa, o empiezan
deprisa, sin querer me llevan por las calles de Cistierna, hasta dejar el
asfalto, y entrar a correr el camino de esa vieja vía de tren, ahora
abandonada, donde la carrera se enfila en paralelo. Con la mirada al suelo, fija
en esos pasos que me preceden, que me esfuerzo en seguir, antes de que la cosa
se empiece a complicar y tenga que dejar que se vayan. No tarda mucho, y ceso el
esfuerzo de seguir pasos, para esforzarme en subir la rampa que ante mi se
muestra, buscando distracciones en el paisaje que aún se deja ver. Superada
esta primera rampa, después vienen sucesivos y cómodos “subir y bajar”. La penumbra se va adueñando de todo, aunque me
resisto a encender el frontal. “Un poco
más”. Y así pasan los kilómetros, hasta que llega el kilómetro 5, el
avituallamiento, el de tomar dos sorbos a mi botella de agua, el de mirar la
cuesta, el de ver la luna, por primera vez, en el cielo, entre los pinos, el de
dar el botón que ilumine mi camino. Casi todo al mismo tiempo. La penumbra se
va adueñando del entorno. Ahora empiezo a correr entre sombras, unas sombras a
las que mis ojos se va acostumbrando, y que inconscientemente exige más
precaución a mis pasos; a mantener distraídamente diálogos con esa luna. Con
cuidado corro los últimos metros de bosque, tomo ese último giro, en el que la
senda desciende bruscamente ante la voz de alerta del voluntario, y que no
impide el resbalón, culo al suelo, y entro de en las calles, “en esa civilización que un día sacó
nuestras risas”. El ritmo se hace más rápido, en busca de recuperar lo que
ya es irrecuperable. Corro y vuelvo a salir, dejo atrás el centro, para
adentrarme por calles solitarias, poco iluminadas; giros y más giros,
despistado y sin saber por donde ando; el paso bajo un puente, primero bajando
y después subiendo, “esto me suena”;
una larga calle, “la meta esta cerca”;
giro a la izquierda y por fin el arco de meta, cruzó su línea. Apago mi frontal.
Sigue la noche bajo la luz de la luna.
jueves, 26 de julio de 2018
VII Carrera 10 km Villa de Cistierna: Bajo la luna
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jueves, 19 de julio de 2018
VII Carrera Popular Sena de Luna: Mi historia
Una historia de una carrera y de dos acuarius. Una
historia de sonrisas rodeado de los míos, de los del Nunca correrás solo.
Hoy no tenemos la previa del café, pero el tiempo se
nos va igual de deprisa, en la recogida del dorsal, en los saludos, en ir y
volver del “aparcadero”. En reconocer ese pequeño tramo de la salida, que ya
nos enseña el barro. El cielo se va cargando, incluso algún atrevido trueno se
deja oír, pero la lluvia no acabó de llegar. La cuenta atrás nos avisa para que
vayamos pensando en correr un poco en vez de estar pendiente del cielo. Con
cuidado, poniéndonos casi en fila, arrancamos por el camino de hierba,
irregular, para pronto empezar a zigzaguear esquivando los charcos y el barro.
Con la carrera ya lanzada y enfilada, cruzo el puente, sobre el río Luna, giro
a la izquierda, y a bajar la escalera, uno, dos, tres, cuatro, pierdo la cuenta
de los escalones, y a por la estrecha senda que en subida nos va acercando al
bonito bosque. Barro, piedras y agua hace que la vista esté más pendiente del
suelo que del bello entorno. Mis pasos se toman un ligero respiro antes de
afrontar las dos duras rampas de Rabanal de Luna, y nos vuelven a llevar a las
piedras y al agua, a fijar la pisada. Las zancadas retornan a la senda, y a los
escalones, donde esta vez tampoco los cuento, y al puente sobre el río Luna.
A volver a zigzaguear entre el barro; donde se acaba lo repetido, donde ya se oye la megafonía de la meta, pero que para alcanzarla antes tengo que coger esa senda que, entre la pequeña colina y el agua, este año sí, del pantano, me lleva a su recta, a traspasar esa línea donde ya me esperan la mayoría de los míos.
Y después, ya vinieron todas esas cosas que nos hacen ir a correr; esos momentos que tanto nos unen.
domingo, 15 de julio de 2018
VII Carrera Popular Ayuntamiento Sena de Luna: Las fotos
Hoy, la VIII Copa Diputación CarrerasPopulares de León, nos llevó hasta la localidad de Sena de Luna, donde fuimos
recibidos por una agradable tarde para correr y disfrutar con los amigos.
Ahora, y antes
de terminar el día, os dejo con el enlace de las fotos.
FOTOS: PINCHAAQUÍ.
Disponibles también las clasificaciones de la prueba. Pincha AQUÍ.
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jueves, 12 de julio de 2018
La Reina Trail: Besande
Pequeño, acogedor. Apuro los
últimos momentos en escuchar los consejos de la organización; en charlas de
esto y de lo otro. Se acerca lo inevitable, ese ¡ya! que nos echa a la montaña,
altiva ahora en la lejanía. Con los aplausos, de la gente acogedora de ese
pueblo pequeño, nos vamos. El inicio, el camino en ligera subida, es agradable
al trote cochinero. Buena toma de contacto para ir cogiendo el pulso a la
carrera, y para ir descubriendo la belleza poco a poco, y para ir empezando a
disfrutar. Con mi tranquilidad, con la que me lleva a dar zancadas y pasos,
compartiendo conversaciones. “Hoy mi
misión es entrar en meta detrás de ti” me dice una de mis dos acompañantes.
“Ya” contesto, mientras esbozo una
ligera sonrisa. Ambos sabemos que eso no va a ser así. Andando, trotando.
Subiendo, llaneando. A mi cómodo ritmo llego al primer avituallamiento; paro lo
justo y me despido con un “hasta dentro
un rato”, que para mí será un rato largo. Con paso corto, mirando a lo
alto, empiezo a subir por la estrecha senda de la empinada ladera. Entre pequeños
pinos, que un día han una bonita subida, aunque no lograrán que sea menos dura.
Los bastones se clavan en la tierra, mientras las gotas de sudor resbalan por
mi cara, dejando algunas un sabor salado en mi boca. Ya solo, regulando el
esfuerzo, y viendo las bellas vistas. Gigantescas montañas, enormes valles. El
Espiguete y más al fondo el Curavacas. Toda mi soledad se llena de belleza,
mientras sigo atento a las señales, camino a la abertura de la roca. Trepo,
ayudado por la cuerda, agarrándome a esa cuerda colocada por amistad; sigo
subiendo, hinco las rodillas, clavo las manos en el suelo, y por fin el
cresteo. Un pequeño descanso refrescado por una brisa suave. Llega la bajada y
hace que fije la atención en cada paso, hasta que el bonito camino, que
trascurre entre robles, pasa a ser el protagonista. El segundo avituallamiento,
me da otro respiro. Desde aquí, Pedro rompe mi soledad. Pasos amigos para
compartir la interminable subida, con ese último tramo en zigzag que parece no
tener fin, y donde nos dan alcance Blas e Isabel. Y otra vez arriba, en la
puerta al otro valle, para dejarnos caer, por esa repetida pendiente, entre los
pequeños pinos. Ahora cuesta abajo. Con precaución, con temor y sin vergüenza,
alcanzo el último avituallamiento, el mismo en el que me había despedido con un
“hasta dentro un rato”. Y aquí estoy.
Y ahí están los mismos voluntarios, y con la misma sonrisa. Espero a mi
compañero Blas, para junto a él, ir descendiendo hasta alcanzar Besande, el
pequeño pueblo de gente acogedora, y cruzar su meta.
Termino
ya está mi historia, agradeciendo a José Manuel, su gran trabajo para
regalarnos esta bonita carrera, y al pueblo de Besande, por su gran acogida.
¡Enhorabuena amigo!
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sábado, 7 de julio de 2018
RE-VERSOS: CAROLINA CORONADO
Amistad de la luna
Esa oscura enfermedad
que llaman melancolía
me trajo a la soledad
a verte, luna sombría.
Ya seas amante doncella,
ya informe, negro montón
de tierra que en forma bella
nos convierte la ilusión,
Ni a sorprender tus amores
mis tristes ojos vinieron
ni a saber si esos fulgores
son tuyos o te los dieron.
Ni a mí me importa que esté
tu luz viva o desmayada,
ni cuando te miro sé
si eres roja o plateada.
Yo busco tu compañía
porque al fin, muda beldad,
es tu amistad menos fría
que otra cualquiera amistad.
Sé bien que todo el poder
de tu misterioso encanto
no alcanzará a detener
una gota de mi llanto.
Mas yo no guardo consuelos
para este mal tan profundo,
fijo la vista en los cielos
porque me importuna el mundo...
¡Vergüenza del mundo es
si tiene mi pensamiento,
que ir a buscarte al través
de las nubes y del viento,
Y llevar hasta tu esfera
mi solitaria armonía
para hallar la compañera
que escuche la pena mía!
Mas, pues no me da fortuna
otra más tierna amistad,
vengo con mis penas, luna,
a verte en la soledad.
De Carolina Coronado
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