"Cuando uno no se encuentra a sí mismo, no encuentra nada", decía Johann W. Goethe. Creo que tiene razón. Acabé la semana pasada sobre la bicicleta y empecé esta de igual manera, pero con la firme convicción de coger fuerza; siento que me falta algo, que no es suficiente lo que estoy haciendo, "Puedo dejar pasar el tiempo pero no quiero perderlo".
Y con esta idea inicié los entrenamientos de la semana. Bueno, realmente no sé si debo llamarlo entrenamiento, pero sea como sea me ayuda pensar que ya estoy volviendo.
Así que el lunes, en compañía de Manuel, afronté una salida en bici, exigente, lo más exigente desde que retome la actividad física, 1h35m para recorrer unos veintitrés kilómetros por un terreno en que había que trabajar la fuerza.
El martes, día 10, solo, programo una salida más tranquila; 1h23m, en los que recorrí unos veinticuatro kilómetros.
El día 11, miércoles, mientras me preparaba para una nueva salida en bici, Ángeles y Sonia me comentan que me vendría bien salir a caminar. Tienen razón. Así que, enfundado en mis mallas, me calzo mis zapatillas. Salgo a la calle con la intención de andar, cuando una idea fugaz atraviesa mi mente: "Y si troto un poco". Y empecé a trotar, con precaución, mirando donde pisaba, probando, probándome, una zancada, otra, y otra más. No siento molestias, sigo corriendo, me cuesta un montón; las piernas no responden como me hubiese gustado, pero estoy corriendo, y me gustan las sensaciones. Sonrio, mientras pienso "cuando lo cuente me matan"; no lo hicieron. Seis tristes kilómetros, a una media de 6m08s, que me supieron a gloria.
El jueves me tomé un pequeño respiro, no me olvido de "tiempo al tiempo".
El viernes, aunque tenía previsto volver a correr, decido salir a caminar y a pensar, a poner en orden mis ideas atléticas.
El sábado, día 14, necesitaba volver a correr, tenía que volver a probarme. Mismos seis tristes kilómetros, mismas pésimas sensaciones, aunque esta vez a 6mo4s de media. ¡Uf! que mejoría.
Y el domingo, para no contravenir las leyes divinas, descanse.
Todo esto es lo que ha dado de si la semana. Una semana de probaduras, en la que siento que estoy más cerca.
Y con esta idea inicié los entrenamientos de la semana. Bueno, realmente no sé si debo llamarlo entrenamiento, pero sea como sea me ayuda pensar que ya estoy volviendo.
Así que el lunes, en compañía de Manuel, afronté una salida en bici, exigente, lo más exigente desde que retome la actividad física, 1h35m para recorrer unos veintitrés kilómetros por un terreno en que había que trabajar la fuerza.
El martes, día 10, solo, programo una salida más tranquila; 1h23m, en los que recorrí unos veinticuatro kilómetros.
El día 11, miércoles, mientras me preparaba para una nueva salida en bici, Ángeles y Sonia me comentan que me vendría bien salir a caminar. Tienen razón. Así que, enfundado en mis mallas, me calzo mis zapatillas. Salgo a la calle con la intención de andar, cuando una idea fugaz atraviesa mi mente: "Y si troto un poco". Y empecé a trotar, con precaución, mirando donde pisaba, probando, probándome, una zancada, otra, y otra más. No siento molestias, sigo corriendo, me cuesta un montón; las piernas no responden como me hubiese gustado, pero estoy corriendo, y me gustan las sensaciones. Sonrio, mientras pienso "cuando lo cuente me matan"; no lo hicieron. Seis tristes kilómetros, a una media de 6m08s, que me supieron a gloria.
El jueves me tomé un pequeño respiro, no me olvido de "tiempo al tiempo".
El viernes, aunque tenía previsto volver a correr, decido salir a caminar y a pensar, a poner en orden mis ideas atléticas.
El sábado, día 14, necesitaba volver a correr, tenía que volver a probarme. Mismos seis tristes kilómetros, mismas pésimas sensaciones, aunque esta vez a 6mo4s de media. ¡Uf! que mejoría.
Y el domingo, para no contravenir las leyes divinas, descanse.
Todo esto es lo que ha dado de si la semana. Una semana de probaduras, en la que siento que estoy más cerca.
