miércoles, 4 de julio de 2012

CORRIENDO A SANTIAGO: 1ª ETAPA

Viernes, día 29, festividad de San Pedro en León; a las ocho y media de la mañana, Ángeles me acerca a la explanada de la Junta, donde me esperaba el autobús para dejar mi mochila. Los primeros saludos a conocidos son obligados y agradecidos, Gonzalo, Toño, Luis Ángel, Luismi, Luis, Sacha, Jesús, Pilar, Talo, José Manuel, Nuria, César, y muchos más. Primera toma de contacto con el grupo y con mi relevo Alfonso, Amelia y Pilar, que de entrada me gusta.
Caminando nos acercamos hasta la Catedral, el lugar donde empieza nuestro Camino Solidario.

“Con sayal a media pierna, esclavina, capa y sombrero de ala larga, con bordón, la calabaza, la concha y la escarcela”, vestían los primitivos peregrinos, y hoy a las nueve de la mañana, poco más de cincuenta corredores, ataviados con pantalón corto, camiseta y zapatillas deportivas, toman su testigo y empiezan su particular peregrinación. Juntos, todos uno, dan las primeras zancadas, recorriendo la calle Ancha, plaza de Santo Domingo, calle Gran Vía de San Marcos, para entrar en la plaza de San Marcos y ser recibidos por los primeros relevistas, los corredores de la Academia Básica del Aire. Entre ellos, entre aplausos, cruzamos su formación, al mismo tiempo que, con una formación caótica, les devolvemos el gesto, y ahora son ellos los que corren entre nosotros, los que con nuestros aplausos inician el Camino.
El resto de relevistas, y mientras esperan su momento, se dirigen a los vehículo, los primeros en entrar en escena a los coches A y B, guiados por Jesús y César, los demás al autobús a disfrutar del paisaje y de la compañía.
Los que viajamos en el autobús, entre los que yo me encuentro, hacemos un alto en Hospital de Órbigo para tomar un café junto al mítico puente del Paso Honroso. Las conversaciones van de grupo en grupo, de una anécdota pasamos a un reto, del presente pasamos al futuro recordando el pasado.
Las noticias que llegan de los relevos indican que todo va según lo previsto. “Venga al autobús, que nos vamos”. Continuamos hacia Astorga, dejando en Hospital a los dos relevos que llegarán a la capital maragata.
Ya instalados junto al polideportivo de Astorga, y antes de la comida, invadimos el entorno de la plaza del Ayuntamiento para hidratarnos con unas frescas cervezas. A mi relevo, Amelia, Alfonso, Pilar y a mí, nos vendrán bien, ya que saldremos en torno a las dos de la tarde y hemos decidido comer después de correr.
Se va acercando la hora, recojo la bolsa de la comida y junto a mi mochila la deposito en el coche de apoyo, en este caso el coche A, el de Jesús; tímidos estiramientos calman la espera, Pilar, Alfonso, Amelia y yo, ya preparados. Aparecen nuestros compañeros, sonrientes, Toño, Adolfo, José Carlos, Julen, nos entregan el testigo en forma del concha, el símbolo del peregrino, y después de la foto para el recuerdo empezamos. Nos acompaña un corredor de San Justo que viene con el relevo anterior (mil perdones pero no recuerdo su nombre) y Pedro a lomos de la bicicleta de apoyo.
Después de los primeros metros llanos, empezamos a subir por la antigua N-VI hasta coger la carretera de Santa Colomba de Somoza, que poco a poco y en suave descenso nos va a meter en la Maragatería, tierra de supervivientes. Corremos por la carretera o por la acera, pasamos Valdeviejas y cogemos el andadero camino de Murias de Rechivaldo, donde a la vista del pueblo de piedra, restaurado con recuerdos de otros tiempos, bonito, me asalta la pregunta “¿Qué sería de estos pueblos sin el Camino?”. Dejamos atrás Murias, el grupo se mantiene compacto, esperando unos por otros. El andadero se hace cuesta y el calor en esta páramo es más calor. Tras cruzar la carretera de Santa Colomba el andadero se hace más cuesta arriba. “Ya estamos cerca”. A la entrada de Santa Catalina de Somoza nos espera Juan Carlos, Raquel y Dani. Intercambiamos saludos, concha, y a seguir camino.
Hemos terminado nuestro relevo, nuestro pequeño granito ya está en el saco de los buenos propósitos. Satisfechos nos despojamos del sudor y con la tranquilidad del viejo peregrino buscamos una buena sombra para comer. Como si hubiese sombras malas. Mientras Jesús, espera sin desesperarse, “comer tranquilos, no hay prisa”. Ya reconfortado el cuerpo, seguimos hacia uno de los puntos emblemáticos del Camino, la Cruz de Ferro, donde esperamos la llegada del gran grupo y de los compañeros que culminan uno de los tramos más duros: Luis Ángel, José, Gonzalo, Jorge, y Carlos.
En lo alto de la Cruz de Ferro, a más de mil cuatrocientos metros, el aire sopla frio y respira quietud y silencio.
Ya, de nuevo en el grupo, regreso autobús, dejamos la Cruz de Ferro inmortalizada en nuestras cámaras e impresa en nuestras retinas para siempre. Desde allí, pasamos por Manjarín, el pueblo con el alberque de más leyendas, y por la estrecha calle Real de El Acebo, donde sus balconadas se muestran a un palmo de nuestras manos. El paisaje va cambiando, los montes de pinos, de brezos y piornos, ceden el protagonismo al castaño. Adiós a la Maragatería, bienvenido al Bierzo. En Molinaseca hacemos un alto imprevisto y mientras esperamos a José Manuel, Javi y Antonio, recorremos sus calles llenas de reclamos de bares y albergues.
La próxima parada está en Ponferrada, donde a la expedición se unen los compañeros bercianos, y juntos esperamos a Coca, Pablo, Jesús, María, Laura y Miguel, el relevo que viene desde Molinaseca, para ataviados con la camiseta oficial, la verde, hacer la entrada en la plaza Mayor, y realizar a las puertas del Ayuntamiento, con la presencia del concejal de deportes, la entrega del cheque testimonial a favor de la AECC.
Una vez concluido el breve acto, los compañeros del Bierzo acometen los dos últimos relevos, el que los lleva desde Ponferrada a Camponaraya, y desde aquí a Villafranca, mientras el resto tomamos el pabellón del JT, lugar donde pasaremos la noche.
Después de una reponedora ducha fría, más por obligada que por deseada, nada mejor para levantar el espíritu y estrechar lazos que una buena cerveza, una agradable charla y unos buenos amigos. Así el tiempo pasa deprisa, la hora de la cena y debemos regresar al pabellón para dar cuenta de una pequeña fugaz cena.
La buena noche hace que regresemos a la plaza Mayor, esta vez para darnos un pequeño homenaje en cualquiera de las terrazas que llenan su entorno, para continuar con la amena charla e imitar la paciencia y sosiego del viejo peregrino.
De vuelta en el pabellón, en semipenumbra, preparo el saco de dormir, dispuesto a buscar el descanso nocturno.
Y aquí, metido en mi saco, con los ojos cerrados, persiguiendo un sueño que no llega, entre el silencio roto por un sinfín de ruidos, acaba el primer día de un generoso gesto llamado: A Santiago contra el cáncer.
Hasta mañana y “Buen Camino”.

3 comentarios:

Abelardo Cuerda Leira dijo...

Ya estaba esperando ansioso las crónicas de tu aventura solidaria, ha merecido la pena la espera ;-)
Un saludo!!!

L.A. dijo...

Hola Saturnino: recuerdo esta primera etapa que hicisteis porque fue la que hice el año pasado, más o menos a la misma hora y comiend al acabar la misma. La temperatura más o menos la misma, la diferencia es que este año ibais en buena compañía mientras que el año pasado cada uno iba solo.

Pilar dijo...

Gracias Saturnino Me encanta tu crónica que me servirá para recordala (tengo muy mala memoria) y gracias tambien tanto a ti como a Amelia y a Alfonso pues en algunos momnetos habeis tenido que tirar de mi con todo el cariño y comprension. Gracias de verdad, ha sido una experiencia imborrable.