jueves, 13 de diciembre de 2012

Maratona Lisboa 2012


(Buen rollo antes de la salida)

Lisboa. Tres amigos: Gustavo, Abe y el que os quiere contar la historia. Llegó la hora. Maratón de Lisboa, o Maratona como aquí le llaman. Me despido de Ángeles, sin palabras, con un beso, con una sonrisa que lo dice todo. Los tres nos confundimos en el pequeño tumulto de la salida. Gustavo pronto nos deja buscando las primeras filas. “Suerte”, nos decimos. Yo junto a Abe, cada uno con sus pensamientos, con sus pretensiones, quizás con sus dudas. Sin miedo. Esta situación no es nueva para nosotros. Hemos compartido kilómetros de emoción en muchas ocasiones; pero hoy es diferente, queremos, o quiero, correr juntos los cuarenta y dos kilómetros y cruzar la meta por debajo de 4h15m. Doy pequeños saltos, respiro hondo, sonrío. Miles de emociones recorren mi cuerpo. Miro a mi amigo. Silencios. Soledades. Suenan gritos. Saludo a los leoneses del “León corre”, muchos de ellos debutantes en estas lides y hoy vestidos para la ocasión de “Espartanos”. Poco a poco el ambiente se caldea, la risa fácil da paso al estrépito de la salida. La gente se viene arriba. Alborotados empezamos a correr, sin prisas, el camino es largo. Las ideas las tengo clarísimas; he visto pasar en mi cabeza esta carrera una y otra vez. Troto al lado de Abe. Distraigo sus pasos con charlas entrecortadas. Miro de reojo el reloj, no quiero que el ritmo se nos vaya. Los toboganes, suaves sube y baja, van calentando el cuerpo. Las piernas empiezan a responder al esfuerzo del correr fácil. Dejamos que los kilómetros pasen sin cometer el pecado del principiante: la euforia.
(Gustavo volando por la plaza del Comercio)
Kilómetro 5. Sonreímos a Ángeles. Otro rápido vistazo al crono. Seguimos corriendo con el sueño intacto. Vuelvo la cabeza y miro a lo lejos. Ella sigue, impasible, nuestra marcha. Silencio. Soledades. Qué triste. ¡Qué triste! esas orillas silenciosas; esas aceras vacías en las que nadie se asoma a vernos a pasar. Ante nosotros el verde del José Alvalade, campo del Sporting de Lisboa; el contraste de los verdes de esperanza. “Vamos rápidos”, le digo. Seguimos con nuestra charla, repasando el pasado y pensando en el futuro.
Kilómetro 10. Rodeado de los corredores que pronto se enfrentarán a esa distancia. Qué triste. ¡Qué triste! pasar sin un aplauso. Seguimos corriendo con el silencio y la indiferencia como premio a nuestro esfuerzo. No nos importa, el sueño es nuestro. Estadio da Luz, campo del Benfica, otro teatro de sueños. Vamos camino de lo más fácil de la carrera. Terreno de bajada hacia el mar. Otra mirada al crono: “Vamos rápidos”. Kilómetro 15. Voy bien, pero eso hoy no me preocupa. Sé hasta dónde llegan mis fuerzas. No quiero pensar en dudas. Bajamos suavemente hacia lo conocido de la ciudad, a esas calles pateadas estos días una y otra vez. Plaza Libertadores. “¿Qué tal?” pregunto. “Bien”. Plaza del Rossio. Calles ancladas en la decadencia de un pasado glorioso. Plaza del Comercio. La alegría de ver a Ángeles acelera mis pasos.
(En la plaza del Comercio)
Kilómetro 20. Llego el momento del ritmo monótono, de correr los kilómetros de la desidia. “Me he atrancado, no me encuentro bien” me dice Abe. Me gustaría parar el tiempo. “No pasa nada, llevamos margen, venga, recuperamos”. Silencio. Bajo el ritmo. Repaso lo mucho que queda. No quiero rendirme, ni que se rinda. Se vienen a mí las dudas. “Vamos, tranquilo, cogemos el ritmo”. “Tira no voy”. Cruzamos la Media. Casi siete minutos por debajo del objetivo. Hecho cuentas. Tenemos margen. Calculo el ritmo. “Vamos, vamos”. La ilusión empieza a romperse, y al fin, se cae el sueño. “Vete Satur, que no voy bien”. No puedo forzarle a una compañía que sé que agobia. Le libero de mi presencia, de la exigencia de un ritmo de sufrimiento. Triste, dejo a mi amigo.
Kilómetro 23´800. Empiezo otra carrera. Doy alcance a dos “Espartanos”. Compartimos unos kilómetros. De vez en cuando miro hacia atrás, y miro buscando, pero solo encuentro silencio y soledad. No me apetece correr en compañía y me voy en busca de lo único que ahora me puede motivar: Dar alcance al globo de las cuatro horas. Paso casi de puntillas, distraído, frente al monasterio de Los Jerónimos y del Monumento a los Descubridores, de la Torre de Belém, que anuncia el regreso. Giro de 180º que me permitirá ver a Abe. “Si no le saco mucha distancia le espero”. Ahí viene. Sonríe. Ochocientos metros, calculo rápidamente. Dudo. Y sigo. Es lo mejor para él. Procuro no pensar. Un avión que vuela. Un grito lejano. El puente por el que llegué a Lisboa. Casas de fachadas descoloridas, otras con los azulejos ajados por el paso del tiempo. Nostalgia de otras épocas.
(Segundo pase por la plaza del Comercio)
Kilómetro 35. Los kilómetros de la monotonía llegan a su fin. Alcanzo, de nuevo, la Plaza del Comercio. A lo lejos distingo a Ángeles y ella seguro que ya ha descubierto mi solitario caminar. “¿Qué tal?” me pregunta nada más que tiene ocasión. “Bien” contesto. “¿Y Abe?”. “Viene detrás. “Espérale seis o siete minutos”. “No me dará tiempo a verte en meta”. “No importa, espera”. Sigo creyendo en el final pensado; si desde que le dejé sólo ha perdido ese tiempo puede estar. Calles lisboetas solitarias de ánimos. Plaza del Rossio. Últimos kilómetros de subida. Una campana lejana rompe el trote silencioso. La Avenida Almirente Reis convertida en una larga cuesta de castigo. Kilómetro 41. Los familiares de los corredores empiezan a hacerse notar con sus aplausos y gritos de apoyo. Tras el penúltimo giro veo a los míos. Ángeles aún no ha llegado. “Vamos Satur” gritan al unísono Tábita, Noira y Elba, y Raquel y la pequeña Raquel, Gustavo corre unos metros conmigo mientras me pregunta “¿Y Abe?”. “Viene detrás”. Entro solo en el estadio. Un estadio de gradas vacías y meta desangelada. Cruzo la meta lleno de sensaciones encontradas. No ha sido la maratona que yo había imaginado, pero quiero que la alegría pese más que la pena.
Con la medalla golpeando mi pecho ya solo me queda esperar la llegada de mi gran amigo Abe. Van llegando los “Espartanos” del “León Corre” con una gran sonrisa reflejada en su cara. No podría ser de otra manera. El tiempo pasa y me estoy quedando frio, así que me despido de los nuevos maratonianos para ir a recoger mi mochila.

(Abe y la "Espartana" llegando a meta)

Abandono el estadio en busca de mi gente y de Ángeles, cuando veo que llega Abe acompañado de una “Espartana”. Ahora ya podemos disfrutar los tres por igual. Me abrazo a Ángeles y con un beso recobramos la tranquilidad.
(Los tres vencedores de la Maratona)
Y esta, ha sido parte de mi historia en la Maratona de Lisboa.

12 comentarios:

Olga y Alfonso "Halfon" dijo...

Satur una gran crónica que si me permites me parece muy lisboeta, con esa dosis justa de saudade que van dejando los objetivos que se escapan.

De todas formas la sonrisa de Abe llegando demuestra que también supo gestionar su carrera.

Un fuerte abrazo

Pilar dijo...

Felicidades Saturnino No sabes la envidia que siento cuando leo crónicas como la tuya. Ahora a descansar. Un abrazo muy fuerte. Pilar

PAU dijo...

Una gran crónica y un placer correr esos últimos kilómetros al lado de Abe ;) A ver si volvemos a coincidir en otra!

Saludos!

Jan dijo...

bonita crónica. Lo de las maratones sin público me recordaba a la mia de sevilla de hace dos años, no había nadie animando. Y no es que sea fundamental, pero bien que ayuda ;)

un fuerte abrazo

Saturnino dijo...

Olga y Alfonso "Halfon": Gracias. Yo también creo que lo gestiono bien, termino muy entero. Ya sabes que en un maratón cuando las fuerzas te abandonan hay que cambiar de estrategia y agarrarse a la carrera.
Pilar: Gracias. Yo sé como quitar esa envidia… si yo puedo todos pueden.
PAU: Encontraste la mejor compañía. Coincidireis en más carreras; en la media de León seguro. Tengo más fotos, si quieres mándame un correo y te las envío.
Jan: El público ayuda un montón, sobre todo en los últimos kilómetros.
Un abrazo para ellos y un beso para ellas.

hernando dijo...

ENHORABUENA, SATUR!!! me alegro de que te hayas quedado con lo bueno de la carrera. Lisboa es un lugar explendico para correr, tiene unos monuentos y rincones espectaculares. Una pena que no te quedaras un rato en la torre de Belem y te acercaras a la pastelería del mismo nombre a dugustar uno de esos deliciosos pasteles que elaboran. A por el próximo MARATON.

Korrecaminos dijo...

Otra batalla ganada aún cn la preocupación que siempre queda al dejar atrás a un amigo.
Una pena que el público no esté a la altura de los atletas.

Muchas felicidades amigo...

PACO GACELA. dijo...

Feliz navidad y un próspero año nuevo, cuídese, saludos.

Tábita dijo...

No se podía contar mejor, casi he corrido contigo leyéndolo. Viví la soledad de la meta de Lisboa esperando vuestra llegada. Sois grandes.

EDUARDO dijo...

Otro Maratón más Satur y corrido por la ciudad de Lisboa, con lo chula que es y la saudade que tiene, seguro que es una gozada correr por ella y tú lo has hecho como siempre haces las carreras, a tu ritmo y disfrutando. Un saludo, nos vemos.

samarut dijo...

Satur enhorabuena por la maratón de Lisboa, me a encantado tu crónica, me has hecho vivir un poco esa maratón que tu has terminado.
Un abrazo muy grande desde Valencia.

Saturnino dijo...

hernando: Gracias. En un maratón hay tiempo para ver pero no para deleitarse. En unos día empiezo con el próximo.
Korrecaminos: Habíamos previsto una estrategia que no pudimos cumplir, pero después cada uno doblego a su maratón. Nos vemos en Mapoma.PACO GACELA.: Gracias Paco.
Tábita: Vosotras nos hacéis grandes.EDUARDO: Procuro correr siempre bajo esas sensaciones; no me gusta sufrir más de la cuenta. Te espero en la próxima salida internacional.
samarut: Muchas gracias.
Un beso para ella y un abrazo para ellos.