miércoles, 9 de julio de 2014

CARTA A UN AMIGO

Querido amigo, te hubiese gustado la aventura de A Santiago contra el cáncer. No se trata de correr para ganar, ni correr por correr, es un correr para ayudar a que el cáncer un día sea un mal sueño. Es recordar a los seres queridos, que como tú, ya no están. Es “ese algo especial” por las personas especiales.
Aprovechabas los pequeños momentos para vivir con intensidad. Disfrutabas con la compañía de un amigo, del amor, con una sonrisa, de un paseo. Disfrutabas de las cosas sencillas de la vida hasta que esta se torció. Hasta que te fuiste. El tiempo todo lo cura, decías, y poco a poco me he ido acostumbrando a tu ausencia.
La plaza de tu catedral, esa que tanto paseabas, se va llenando de amigos. De esos amigos de los que tú dirías son buena gente. De una marea azul dispuesta a recorrer un Camino de esperanza, y con la ilusión de llenarlo de sonrisas. Sabes, somos todos diferentes pero nos une un mismo motivo.
Iniciamos nuestras zancadas por las calles de León para ir adentrándonos a cada paso en nuestro interior, en recuerdos de ausencias, en emociones ya pasadas, en la solidaridad que nos ha traído hasta aquí; cada uno en su mochila lleva su historia. Sin prisas vamos corriendo el Páramo que tan poco te gustaba, y esa Maragatería que siempre te pareció pobre, para llegar a un Bierzo que siempre te cautivó. A la noche de Villafranca. Atrás dejamos León para irnos adentrando en el contraste de la verde Galicia, en el sube y baja de sus bosques. En la noche cómplice de Melide, esa en la que todo queda ahí.
Y seguimos por esos montes y esos verdes hasta las puertas de Santiago. Te hubiese gustado compartir estos momentos de compañerismo, de silencios y alegrías. La cercanía de la catedral hace que afloren los sentimientos que llevamos en el interior, y que estos exploten en emociones cuando nuestras zancadas solidarias entran en la plaza del Obradoiro. Ya todo es una locura. Rostros de miradas humedecidas por los tristes recuerdos del pasado, y miradas de alegría por el futuro. Cientos de besos y abrazos, y cientos de momentos por los que sonreír.
Y visité al apóstol, y le hablé de ti, y de todos los seres queridos que han ido quedando en el camino, y de todos los que están luchando para ganar la partida de la vida.
Y guardó silencio.
Y entonces supe que se puede soñar en el futuro.
Hasta siempre amigo. Hasta siempre.

2 comentarios:

Celina dijo...

Qué aventura, cuántas emociones y cariño! felicidades a tod@s. Con pocas palabras has dicho muchísimo Saturnino, un abrazo

Halfon Hernandez dijo...

Satur cuando el corazón habla poco mas se puede decir.