jueves, 18 de mayo de 2017

XIII Ruta de la Mencia: Mi historia

De Cacabelos a Cacabelos. O de pueblo en pueblo. Así en general, porque querer contar paso a paso lo vivido se me hace difícil. Muchas cosas, muchos detalles, mucha belleza, mucho desconocido. Así que lo dicho, en general.
Paso a paso compartiendo caminos de cómodas bajadas y, de siempre, agotadoras subidas, con mi compañero Pedro, con Andrea, con Toño, formando un grupo homogéneo de principio a fin. Respetados por la lluvia y por el sol. Buscando en cada recodo del camino la señal que guiase nuestros correr. Una tira de plástico azul colgada de una rama, o una flecha verde pintada en el suelo, o ese pequeño cartel de flecha roja clavado en la tierra. Escondidas unas veces, casi siempre; escasas otras, siempre. Peregrinos siguiendo su flecha amarilla. Marcas que parecen invitar al despiste en busca de la carrera sin fin. De un Camino sin fin.
Foto cortesía Gutis Couceiro López
Viñedos y más viñedos. Viñas de verdes hojas que ya esperan el contraste de sus racimos. Cortafuegos. Pinos y Robles repartidos por igual en la orilla. Frutales, cerezos y manzanos. Rojo y verde. Contraste de colores. Testigos silenciosos de nuestro paso. Con un horizonte para perderse en las lejanas montañas que nos rodean; algunas conocidas como la Silla la Yegua, Pico Tuerto o La Guiana.

Todo se impregna del olor que desprende el paisaje. Olores de paisaje que se van quedando en nuestros cuerpos, ya cansados por el paso de los kilómetros. Atrás ya quedó todo, subidas y bajadas, montes y viñedos, olores y colores. Cacabelos fue la meta.

1 comentario:

Carlos Sutil dijo...

Vaya poesía, así contado, hasta apetece y todo!!! Enhorabuena.