jueves, 14 de abril de 2016

MARATÓN DE PARÍS: PARIS, JE T´AIME


Amanece sobre París. Frente al espejo, miro la sonrisa que este me devuelve, mientras mis pensamientos vuelan lejos, en busca del mundo de los sueños. Salgo de las catacumbas. Me reúno con mis compañeros Abe y Gustavo, fuera, en la calle, espera Carlos. La mañana parisina se muestra esplendida. Los detalles, los pequeños detalles, las pequeñas cosas, las risas, los silencios, empiezan a tener importancia. Iniciamos el camino que nos lleva al fin. “De Gare de l´Est a des Champs-Elysées”. De León a Paris.
“Dix, neuf, huit”…la presión en mi pecho aumenta, “cinq, quatre”…y el ímpetu de los corredores…”trois, deux, un”…”vámonos”. Y como si fuese algo ensayado, los miles de corredores, los tres iniciamos el trote hacia nuestro destino. Lejos de las prisas nos acercamos a la línea de salida. A ese iniciar de una historia. La avenida ancha, se corre cómodo, se corre alegre. La euforia se ve, se palpa en el ambiente. No puede ser de otra manera. Corremos, corremos deprisa, corremos por la place de la Concorde, corremos con nuestros sentimientos. Hablamos, intercambiamos miradas. “Tranquilo”, no hay prisa. Sé hasta donde me va acompañar mi amigo. Sé que tenemos un maratón pendiente. Sé que un día lo compartiremos entero. El corazón late al ritmo de mis pensamientos. Las grandes avenidas nos llevan, o son nuestras zancadas, los que nos acercan a la place de la Bastille; a ese punto donde nos esperan los nuestros, y donde unos pasos amigos seguirán solos. Ahí están, Alberto “the boss”, nuestro “boss”, Tábita, Ángeles, Juani, Raquel, sus gritos, sus agitar de brazos, sus ánimos.

Seguimos y llega uno de los  momentos, “Suerte amigo”. A partir de aquí Abe será nuestra retaguardia. A partir de aquí, los pasos serán de dos. “Doce cascabeles tiene mi caballo…” deja escapar la banda que toca en la plaza. Busco el ritmo, el que mi cabeza tiene pensado. Todo va bien. Kilómetro 9. El paisaje va cambiando, y los edificios y el público van desapareciendo; el verde, los árboles empiezan a adornarlo. Poco a poco nos adentramos en el “Bois de Vincennes”, en kilómetros de soledad. Miro el reloj, y viajo a mi tierra, busco a mis amigos, aún es pronto para que ellos me acompañen, pero presiento que ya están juntos. Sé que están conmigo. “¿Qué tal?”. “Bien”. Voy cómodo y el ritmo es el pensado. Salimos de la monotonía, de un paisaje dibujado para correr y disfrutar en otra ocasión. Kilómetro 18. El calor empieza a hacer mella en los corredores, y quizás esos kilómetros de soledad. Otra mirada a mi reloj, apenas tres minutos. Kilómetro 20, “tira Satur, voy a ir más tranquilo”, miro a mi compañero, y le doy esa tranquilidad que pide “suerte, vamos, no me pierdas de vista”. Recojo el agua del avituallamiento, las 11:30 horas. La hora. La hora de irme, de salir de París y viajar para correr con mis compañeros. Mis pasos parecen volar. A lo lejos veo la silueta de la Cathédrale du Notre-Dame, y en mi cabeza la Catedral de Astorga. Aparece también, para acompañarme el Sena. Todo ayuda. Todo distrae una cabeza cargada de kilómetros. El recorrido vuelve a mostrarse insulso, túneles que nos tragan y escupen. Túneles de silencios rotos por el golpeteo de las zapatillas contra el asfalto. Kilómetro 27. Otra vez, sus gritos y sus ánimos. “¿Qué tal?”. Levanto mi pulgar. Todo bien.

A lo lejos le Tour Eiffel empieza a asomar. El Sena sigue acompañando mis pensamientos, que siguen viajando, que sigue corriendo junto a ellos. El Sena, le Tour Eiffel, París, un maratón. ¡Vaya foto!. Kilómetro 30. Diez kilómetros corridos con ellos. Dejo Astorga. “Seguro que ya han llegado todos”. Y vuelvo a París. Los kilómetros empiezan a pesar en mis piernas. El ritmo, las sensaciones dejan de estar a mi lado. Poco a poco veo como voy perdiendo lo ganado. “Piensa, piensa, y encontrarás una solución”. Pero no llega esa solución, y los kilómetros que quedan por delante no ayudan. Kilómetro 34. Entramos en otra zona verde, el Bois de Boulogne, y sé que metro a metro se irá cargando la carrera pensada. “No pasa nada”. Atrapado en el bosque, con la fatiga adueñada de mis piernas, solo pienso en salir de aquí y alcanzar la meta. Solo eso. Los pensamientos también se han agotado en mi cabeza. Me agarro a esos últimos ánimos que, mis seres queridos y amigos,  seguro me están mandando. Vacío de mente. Vacía la mirada. Vacío de fuerzas, solo me queda repetir gestos. Correr como un autómata. Correr. Dejo que los kilómetros pasen entre silencios, solo rotos por las sirenas de las ambulancias. “Vamos que lo tienes”. Kilómetro 42. ¡Maravilla! Los gritos de la gente, los gritos lejanos de los míos, de mis amigos. De todos los que me han traído hasta aquí. Recorro mis últimos 195 metros de Paris. Mis ojos buscan la meta con la misma emoción que siempre.

Paris, je t´aime.

9 comentarios:

Rubén Álvarez dijo...

Otra maratón más para la colección y además esta es de las emblemáticas.

Enhorabuena Satur

hpertejo dijo...

Te leo y me parece mas fácil la maraton de lo que en realidad fue,jjjj

Alberto dijo...

Grande Satur, yo tambíen compartiré una maratón contigo, la tengo apuntada amigo. Abrazos y gracias por todo lo que nos aportas. Nunca Correras Solo.

Javier Balbuena dijo...

Enhorabuena Satur, otra nueva experiencia vital para la colección.

Halfon Hernandez dijo...

Felicidades Satur, otra Maratón que guardas en el Alma. Como siempre una crónica cargada de emociones y sentimientos transmitiendo lo fundamental.

Un fuerte abrazo

Carlos Sutil dijo...

Parece fácil! Jajaja, enhorabuena.

Rafael dijo...

Otra maraton de puro disfrute a la saca y encima en Paris, que lujazo...felicidades¡¡¡¡.
Un abrazo.

Annie dijo...

Qué gran crónica!!!
He recorrido contigo cada uno de los kilómetros en mi mente, en una de mis ciudades favoritas.
Enhorabuena por esta nueva prueba!
Nos vemos :)

Saturnino dijo...

Rubén Álvarez, gracias. Otra más, otro recuerdo más.
hpertejo, pues tú sabes que en esta ocasión no resulto fácil. Pero ahí está que al final es lo que cuenta.
Alberto, muchas gracias. Un placer compartir esos días junto a ti. Anotada queda, y ya de puestos que se venga el amigo, pero que se la entrene antes.
Javier Balbuena, gracias. Otro bonito recuerdo, de eso se trata.
Halfon Hernandez, muchas gracias. Guardada a cal y canto con todas las demás. Es mi preciado tesoro.
Carlos Sutil, gracias. Aunque lo pueda parecer no es fácil, pero tampoco es difícil, y mucho menos imposible. Querer es poder.
Rafael, muchas gracias. Otra más en un lugar emblemático, pero al fin de cuentas: 42´195 kilómetros, como todas.
Annie, gracias. Bonita ciudad para correr un maratón. Me alegro de que te haya despertado recuerdos.
Besos para ella y abrazos para ellos.