
El martes tengo cita con mis queridas series, Dios que calvario, es que me cuesta ya programarlas así que no os digo nada hacerlas; en esta ocasión estaban programadas y quedaron hechas; completadas con un rodaje, entre calentar y descalentar, de cuarenta y cinco minutos; al final no estuvo mal, aunque creo que note en exceso la tirada del domingo y el trabajo de fuerza de ayer (bueno no lo creo).
El miércoles lo dedicamos a la asimilación de los esfuerzos, con una tirada de treinta y cuatro minutos, a ritmo medio, entre 5:15 y 5:05; las sensaciones no fueron malas, me quedé con ganas de rodar más, pero la lluvia y también la prudencia me llevaron para casa.
El jueves descanso de cuerpo y alma para así afrontar la segunda parte de la semana con más garantías.
Y llegó el viernes, antesala del fin de semana, día que estaba programado para una tirada larga, en soledad (cada vez me resultan más placenteras), solo con mi esfuerzo, oyendo mi respiración agitada o pausada, según la exigencia, con mis pensamientos; hoy me la iba a trabajar de principio a fin, así que me voy por mi habitual carril bici del Torio, donde tengo un sinfín de referencias; el carril (sus 15 kilómetros) completados en 01:13:35, a 04:54 de media, que la verdad no esta mal; al final casi dieciocho kilómetros en las zapatillas y muy contento con el test.
El sábado inusual descanso, en esta ocasión debido a una emotiva reunión familiar.
Y llegó el domingo, otro día clave en los entrenamientos semanales, me cito con Mauri, mientras estiro aparece Miguel (padre de un crack) quién también va a hacer tirada larga, pero rechaza nuestra invitación a acompañarnos; Mauri y yo nos encaminamos a por nuestra ruta de Tendal, pero esta vez lo haremos a la inversa), ascendemos por los pinos y encaminamos nuestros pasos a Golpejar, donde nos cruzamos con Pedrín, continuamos hasta Tendal y después rumbo al Portillín, que acostumbrado a subir su empinada pendiente no recordaba la agradable sensación de descenderlo, y ya camino de la Candamia y del punto de partida, el pabellón del Polígono X.
Hoy las sensaciones no han sido buenas, sin acoplar en ningún momento la respiración a la zancada, sintiéndome pesado, muy pesado, aferrándome a la silueta de Mauri como buenamente podía; aunque como no, quiero acabar la semana siendo otra vez positivo, y pensando que el entrenamiento ha quedado ahí.
Ya estamos a tres semanas del gran día y eso se ha notado en todas las zonas runners de León; la Candamia hoy era un ir y venir de corredores, de ilusiones y sueños; se palpa en la ciudad el gran ambiente que viviremos el día 21.