domingo, 19 de octubre de 2014

II Carrera de Montaña Oriental Leonesa San Glorio: Mi historia y fotos

El pueblo de Llánaves de la Reina es pequeño, y todas sus orillas y sus recovecos se empiezan a llenar de coches. Poco a poco los corredores van llegando y los saludos se hacen inevitables. Me reúno con mis compañeros del Nunca correrás solo y tras recoger el dorsal, tomamos un café antes de empezar la preparación de la carrera.
El bonito entorno invita más a la contemplación que a salir corriendo por él. El tiempo pasa y la hora de situarse en la salida llega. Deseos de buena suerte y a la parte trasera. Pero ¿qué hago yo aquí? me pregunto, mientras mi compañero Oscar me dice que va a ir conmigo. No insisto mucho y acepto su invitación. Sigo ensimismado en mis pensamientos, recordando la última vez que me enfrente a las montañas. Recuerdos de una amiga que hoy no está a mi lado y que seguro está pensando en sus compañeros del Nunca correrás solo. Ella y yo tenemos una deuda pendiente con la montaña, y quizás hoy empecemos a saldarla. Sigo pensando que este no es mi lugar, cuando todo se pone en marcha.
Trote suave en los escasos metros que nos separan del primer repecho, sin tiempo para entrar en carrera y ya estamos subiendo. Troto entre el grupo, siguiendo a Oscar, y a todos los que tienen más prisas que yo, hasta que el trotar se vuelve en andar. Las piernas se resienten y se quejan, mientras esperan terreno más favorable. Subo con la mirada puesta en las montañas que nos rodean, en los verdes de sus praderas y bosques. Del andar, volvemos al trotar, a pisar barro y a saltar regueros. Terreno de sube y baja que permite respirar sin ahogos. Que permite contemplar el paisaje. El grupo ya disgregado, muy pronto la carrera pone a cada uno en su sitio. Los kilómetros, aunque más lento que de costumbre, van cayendo. La prueba no está resultando con desniveles insalvables, lo que hace que este disfrutando de ella. Más bajada y más subida. Saltos de vallas. Trote y más trote. Respiración controlada. Casi sin darnos cuenta (bueno es una forma de hablar, porque si que nos dimos cuenta) llegamos al primer avituallamiento, kilómetros 8 y pico. Agua y melón, y a seguir. El camino ahora cuesta abajo. Charla animada y correr cómodo. Gritos eh, los de arriba, sonidos de claxon, que por ahí no es. Miramos hacia abajo y vemos las señas de que nos hemos pasado de largo. Retrocedemos hasta que podemos emprender camino ladera abajo y retomar el camino. Cien metros de despiste. Bajamos la ladera y vuelta a subir. Subir de trotar y andar por un camino que tiende hacia arriba, pero que no exige demasiado esfuerzo. Los recuerdos de vez en cuando me vuelven a llevar a otra carrera, a mi compañera que hoy hubiese querido estar aquí, al destino. Seguimos subiendo la montaña. Oscar marca mi ritmo y yo me limito a seguir. A correr si corre, a trotar si trota y a andar si anda. Kilómetros de un paseo por Picos de Europa. Voy bien. Demasiado bien, mucho mejor de lo que yo me había imaginado. Esto no es lo mío. Sube y sube. Kilómetro casi 16, segundo avituallamiento. Más subida, el penúltimo esfuerzo, senda zigzagueante, estrecha, cuarenta o cincuenta metros, no mucho más, y bajada, también en zigzag, peligrosa, para mí. Me olvido del entorno y miro al suelo para asegurar mis pasos, sesenta o setenta metros. Más camino, otra subida, la última, nos indica Sara, Cundi y Tomás, ruidosos y animosos, como siempre, vamos campeones, tres kilómetros a meta, todo de bajada. Y no mintieron, en camino pedregoso bajamos y bajamos, llenando los pulmones, mirando ese paisaje al que estamos acabando de hacer una circunferencia. Carretera y ese puente de madera, donde al otro lado espera Ángeles con su cámara, seguro que ahora más tranquila.

Esos últimos metros que Oscar y yo corremos. Ese último recuerdo para mi compañera, para mi amiga, para esa meta que aún tenemos pendiente y que afrontaremos cuando el destino quiera, porque siempre es bueno confiar en el destino, y nosotros lo hacemos. Y cruzo mi meta, la de esta carrera, en 2h30´.
Y sigo pensando Pero ¿qué hago yo aquí?.

Y para terminar os dejo con las fotos de Ángeles.
Si alguien quiere la foto en tamaño original, y sin marca de agua, que me envíe un correo electrónico, indicándome número de foto y número de dorsal.

4 comentarios:

Celina dijo...

Q paisajes y q buenos momentos regala siempre correr en montaña! Felicidades!

Halfon Hernandez dijo...

La montaña es especial, te permite además de homenajear a una compañera, preguntarte que haces ahí.

SGF dijo...

Para no saber qué hacías allí, no estuvo nada mal.
Slds

Saturnino dijo...

Celina, sin duda la montaña es más atractiva para los sentidos.
Halfon, en una carrera de montaña da tiempo para todo, hasta para pensar en los demás.
SGF, a pesar de estar desubicado no me lo pasé mal.
Besos para ellas y abrazos para él.