Inmersos en el mogollón esperamos a las 09:00, el momento; esto se empieza a mover, signo inequívoco de que han dado la salida, con paso corto, conteniendo la alegría nos aproximamos al arco, últimos deseos “Suerte, nos vemos en meta”; pasamos bajo el arco, pisamos la línea blanca, empezamos a correr, suave, lentamente, cogiendo aire, conteniendo la emoción del inicio; no voy solo, me acompañan mi amigo Ángel, Jorge, Javi y Jesús, quieren ir a 05:15, yo la verdad no se hasta donde les podré acompañar, la carrera lo dirá, lo dejo a su elección; los primeros kilómetros transcurren con mi vista buscando a Sonia entre los corredores de los 10 kilómetros, pero no la veo, llega la hora de nuestra despedida, las carreras se separan, y se vive uno de los momentos bonitos del día, en que con el intercambio de aplausos nos decimos hasta luego; a pesar de ir acompañado, corro a mi ritmo, huyo de falsas euforias, soy muy consciente de lo que queda, aunque agradezco el buen ambiente que reina en el grupo, ese no callar de Jorge que nos hace correr con una sonrisa en los labios; hemos pasado los kilómetros de subida, ahora la carrera nos da un respiro, nuestros parciales mejoran, más por el perfil descendente que por nuestro empuje; me acerco a Cuatro Caminos donde me esperan los míos, poco antes diviso a mi prima Loli, quien encaramada a una mediana, cámara en ristre esta dispuesta a inmortalizar el momento; ya en Cuatro Caminos, en el lugar acordado, allí está mi Ángel de la Guarda, con la preocupación de las grandes ocasiones, y Anabel, con una sonrisa les indico que voy bien, “Ha llamado Sonia”, “No” me contesta Ángeles; continuamos el suave y agradecido descenso, continuamos corriendo, Fuencarral, Gran Vía, Preciados, Puerta del Sol, calle Mayor, Palacio de Oriente, kilómetro 20, me encanta este tramo; la subida a la calle Ferraz me atranca, y Jorge, Javi y Jesús se nos van, o les dejo ir, no lo sé, pero no hago nada por darles alcance, empiezo a sentir la necesidad de correr solo, le digo a Ángel que se vaya con ellos, pero insiste en permanecer a mi lado; ya estamos en la media, 1h51´30´´, incrédulo miro el crono, mejor tiempo que el año pasado, aunque solo sea por 29´´, pero a pesar de eso las sensaciones que empiezo a tener no son las mismas; la bajada por el parque del Oeste, en busca de la avenida de Valladolid, me sirve para recuperar aliento, y mi mente empieza a percibir que pronto tendrá que cambiar el chip; llegamos a Principe Pío, Beatriz en el inicio de la subida nos vuelve a dar su apoyo (lo hizo en otro punto, pero perdón, no recuerdo donde), el repecho se encuentra abarrotado de gente, como siempre, donde su aliento se siente muy próximo, aquí de nuevo me reencuentro con los míos, “Sonia bien” me dice Ángeles; entramos en el desierto de la Casa de Campo, los tiempos parciales han aumentado en la misma proporción en que mis sensaciones me han ido abandonando, tanto que pasado el kilómetro 26 le pido a Ángel, casi le exijo, que me deje solo; se resiste, aunque acepta mi decisión, “Pero ¿vas a terminar?”, “Sí, nos vemos en el Retiro”; adiós amigo; ahora empieza otra carrera, me protejo con la armadura del “irreductible leonés”, me refugio en mi interior, acompaso el ritmo a la fuerza que sale de mi cuerpo, no pienses, solo corre; así, abstraído llego a Lago, sé que allí vuelven a estar los míos, pero mi coraza me impide verlos, hasta que desde la orilla recibo los ánimos de Ángeles, no puedo dejarla con una sonrisa tranquilizadora, no me sale, pero consuelo pensando que sabe que aunque cansado, muy cansado, voy bien; continuo con la marcheta, otra bajada que me vuelve a permitir coger aire, paso el kilómetro 33, y en mi abstracción, a pesar de la fatiga, me permito la osadía de echar cuentas, de soñar por unos instantes, puedo acabar en 3h48´, iluso de mí, y en esas andaba cuando me sorprenden los gritos de Sonia, no sé si sonreí o sí le dije algo, pero esos gritos de ánimo me devolvieron a la realidad de la carrera; vamos sigue, esa era la consigna de mi cabeza, no te pares; cruzo el puente de San Isidro, el Calderón a mi derecha, “vamos Satur”, giro la cabeza y veo a Risco caminando, no va bien, una lástima; sigo con la compañia de mi ritmo cansino, pensando que en breve empezara lo más duro del maratón y que hay que dosificar las escasas fuerzas que quedan, pensamiento que también debían tener las personas que se encontraban en la antesala de la subida, ya que sus muestras de apoyo se multiplicaban; muchos eran los corredores que iban caminando, con el pensamiento puesto en su sueño, mucha la distancia que habían recorrido para llegar allí, para derrotar a éste Coloso; con la mirada al suelo y el grito de “no te pares” en mi cabeza afronto los últimos, duros y largos kilómetros; puerta de Álcala cuanto me alegro de verte, la emoción empieza a recorrer mi cuerpo, un último esfuerzo, “venga Satur” me grita alguien sentado en el bordillo mientras me saca una foto, no le conocí ahora sé que era Juan; giro a la derecha y el Retiro me acoge en sus brazos; un suspiro de alivio sale de mi interior, esto está hecho, si es que no lo estuvo ya desde el principio, el movimiento de unos niños me vuelven a la realidad, al igual que antes lo había hecho Sonia con sus gritos, son mis sobrinos, Lucia y Enrique, dispuestos a correr los últimos metros conmigo, y con ellos a mi lado, uno de cada mano, cruzo la meta; y con ellos de la mano, levanto mis ojos al cielo.
Después el reencuentro con la familia, con los compañeros que habían llegado, con los que llegaron después, y con los que no pudieron llegar, pero con la satisfacción de que todos nos encontrabamos bien.
Y para terminar agradecer a todos los que estuvieron de un lado para otro apoyándome durante la carrera, a Ángeles, a Anabel, a Loli, a Esther y Ángel-illo, a Sonia, a Jesús, a Beatriz, a Mariano, Lucía y Enrique; y a los amigos blogueros que lo hicieron antes, durante y después de la carrera.
Y esta, más o menos, ha sido la historia de éste Mapoma, en el tintero seguro que se han quedado muchos recuerdos, recuerdos que irán emergiendo con el paso de los días y que pasarán a formar parte de la historia de mis maratones.



