El lunes me metía en las zapatillas con ganas, ya sabía que sería una semana complicada y que tenía que aprovechar el tiempo, así que en compañía de Sonia afrontaba el que a la postre sería la tirada larga de semana, con una mañana soleada que daba calor a nuestros pasos empezamos nuestro rodaje, ritmo tranquilo y sosegado, al menos para mí, para dar cuenta de 1h15´ que a ella le sirve para ir cogiendo fondo y a mí para no perder la forma.
Las obligaciones profesionales impidieron que el martes y el miércoles pudiese disfrutar del correr.
Ya metidos en el jueves me dispongo a una tirada en la que las protagonistas serán las cuestas, con cincuenta y cinco minutos dedicados a ellas, eso si que es amor.
El viernes vuelvo a las cuestas, pero esta vez solo cuarenta y cinco minutos, y no por falta de amor, sino que de tiempo.
Y así, con más pena que gloria, acabo la semana deportiva, el fin de semana estaba dedicado a otras correrías.

El sábado por la mañana cumplía con una tradición o quizás con una costumbre que desde mi lejana infancia llevo acabo; costumbre o tradición que quizás tenga los días contados, aunque mientras los abuelos tengan ganas y fuerzas seguiremos alimentando, me refiero a la matanza del gocho, como por esta tierra se llama; y por supuesto para remate la agradable comida alrededor de la mesa camilla, con ese brasero, hoy ya eléctrico, calentando nuestros pies, puesto que nuestro cuerpo no necesita más calor, las diversas y abundantes viandas lo calientan de sobra.
Para continuar con el ajetreado fin de semana, por la noche, a las 22:00 horas cita con la cena de empresa, otra costumbre o tradición, aunque esta de más reciente implantación, donde además de pasarlo bien debería servir para rebajar tensión y limar asperezas con esos compañeros con los que en alguna ocasión has tenido algún encontronazo; una buena cena y una o unas copas a veces hacen milagros.

Pero el fin de semana, no había terminado, con pocas horas de sueño, y después de una rápida y reconfortante ducha, me dirigía hacía la localidad de Busdongo, tenía cita con las “XIV Jornadas Gastronómicas de la Tercia”, otra joven tradición o costumbre, donde en compañía de buenos amigos dábamos cuenta de otra buena comida y de otra agradable sobremesa.
Y así entre tradiciones o costumbres, con unas ganas locas de salir a correr, terminé la semana.