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domingo, 7 de octubre de 2012

VI MARATÓN DE ZARAGOZA: MI HISTORIA



Zaragoza. Siete menos veinte de la mañana. El despertador me rescata del mundo de los sueños. Intercambios de palabras, gestos, miradas, de rutinas ya vividas. Complicidad entre ella y yo. Siempre ahí, con sus temores y mis ilusiones.
Siete de la mañana. Coincidimos en el ascensor con nuestros amigos Abe y Tábita, y juntos vamos hacía el comedor. No somos los primeros, ya hay gente que como nosotros va a vivir el maratón. Corredores y acompañantes. Sin apenas hacer ruido, entre silencios cómplices, desayunamos. Regresamos a nuestras habitaciones para ultimar los preparativos. Último repaso. Todo listo.
Ocho menos diez de la mañana. Salimos a la calle. El día empieza a asomarse. Una suave brisa golpea los rostros y envuelve nuestros cuerpos. Paso tranquilo y ligero para acercarnos a la línea de salida. El Parque Grande con todo preparado y con el ambiente de la ocasión. El tiempo ahora pasa deprisa. Repasamos el recorrido. Fijamos los puntos en los que tendremos el apoyo de Ángeles y Tábita. “Cinco minutos para la salida”,  grita la megafonía. Un beso, un ten cuidado, y un hasta pronto.
Ocho y veintinueve de la mañana. “Un minuto”, se oye. Espero la salida al lado de mi amigo Abe. Mi mirada fija en el globo de las 03:45. Juntos en esta y en tantas otras aventuras. Soñando nuestra carrera perfecta. Llega la hora. Ya no hay marcha atrás.
Ocho y media de la mañana. Ya estamos corriendo. Todos los nervios se han ido de repente. Abe y yo corriendo juntos los primeros metros. Ambos sabemos que pronto nuestros pasos se separarán. Un apretón de manos. “Suerte amigo”, “Suerte”, ”Nos vemos en meta”. Voy en busca de mi globo, de mi sueño, del globo de las 03:45. Me meto en su grupo. De momento no pienso en nada. Solo corro.
Los primeros kilómetros transcurren por el entorno del Parque Grande. Vuelta por aquí, vuelta por allá, siempre con el apoyo de Ángeles y Tábita, y con los ánimos de mi amigo Abe, con quien me cruzo una y dos veces. “Lo veo bien”.
Kilómetro 14 o 15. Abandonamos el Parque Grande, ese ir y venir, y empezamos a correr las calles de Zaragoza. Sigo tras mi globo, tras mi sueño, refugiado en el grupo del globo de las 03:45. Voy bien. Corro a su ritmo. Corro con mis ilusiones. Tranquilo. He hecho una apuesta y tengo que seguir con ella. Transcurren los kilómetros sin sobresaltos.
Kilómetro 20. La fatiga va apareciendo en mi cuerpo, aunque sigo cómodo tras el globo. Mi cabeza es una sucesión de imágenes, de pensamientos, si bien aún no es su momento, no la canso. Corremos hacia el centro de la ciudad, hacia el Pilar, y solo eso hace que los pasos se sucedan uno tras otro sin más. El público aumenta y es como que con sus aplausos se llevasen nuestra fatiga. Que grande, la Basílica del Pilar a nuestro pies, Ángeles y Tábita en nuestro corazón. Una sonrisa. Otra sonrisa. Todo va bien. ¿Quién engaña a quién?.
Kilómetro 26. ¿Todo va bien?. Sigo con su mirada en mi, envuelto en el grupo de mi globo, pero…la fatiga en mis piernas empieza a ser patente. Ahora persigo mi globo, mientras cruzo, una y otra vez, ese inmenso río Ebro, al que le pido que sus aguas no se lleven mis sueños. Un puente, otro puente, el mismo río de siempre.
Kilómetro 30. “Otros cinco más”. Ese es el grito. Las piernas ya cansadas piden un respiro, pero no se lo puedo dar. Miro el crono. Estamos ahí. En mi retina mi globo de 03:45. Se me va unos metros. Respiro. Miro en mi interior. Recupero. Necesito la fuerza de los míos. Cabeza y corazón.
Kilómetro 35. Los tengo a la vista. Corazón. Tomo el último gel en busca de ese último gramo de fuerza. Vuelvo a coger aire. Dejo la mente en blanco y corro con Ángeles, con mi hija, con mi hijo, con mis amigos. Corro por León mi etapa del Camino de Santiago. Corro cansado tras mi objetivo. “Venga que ya lo tienes” me alientan. Una sonrisa forzada les agradece su apoyo.
Kilómetro 38. Los gritos de la meta no ayudan. Nos queda poco pero a estas alturas es demasiado. La fatiga del cuerpo fatiga la mente y se me hace difícil mandar señales positivas. Me cruzo con mi globo, con mi sueño, con ese 03:45. Setecientos, quizás ochocientos metros. “No es mucho, aún puedo”. Reflexiono. Voy vacio. Sin fuerzas. Solo el corazón me mantiene. Tristeza. Alegría. Sentimientos encontrados. “No, ya no es posible”. Mi cuerpo ya descansa. Corro sin cesar en el esfuerzo, no quiero que después del trabajo hecho el tiempo se me vaya.
Kilometro 42. Aspiro. Encaro los metros de la gloria. Busco a Ángeles y a Tábita. Busco la meta de otro maratón.  Paro mi crono en 03:49:29. Paro mi sueño.

¡Cuántos sueños de gloria evaporados
como las leves gotas de rocío,
que apenas mojan los sedientes prados!
¡Cuánta ilusión perdida en el vacío
y cuántos corazones anegados
en la amargura corriente del hastio!
de Gaspar Nuñez de Arce.

León. Domingo. Siete días después. A cualquier hora del día. Ya recuperado del esfuerzo. Pensando en el siguiente maratón: Lisboa, día 09 de diciembre. Y listo para los agradecimientos:
Gracias a Ángeles por estar siempre ahí.
Gracias a Abe por estar siempre dispuesto a correr, aunque a veces sea lo que menos le pide el cuerpo, y a Tábita por compartir nuestras locuras.
Gracias a mis hijos por alentar mis sueños.
Gracias, también, a todos los amigos que habéis estado pendientes de este reto, y que con vuestro apoyo lo hicisteis vuestro.
Mil gracias.

viernes, 28 de septiembre de 2012

A Zaragoza: por un sueño



Duodécima semana: Del 24 al 30 de septiembre.

“Hora de mi corazón:
la hora de una esperanza
y una desesperación”, de Antonio Machado.

Martes (25): 10 km.
Jueves (27): 6 km.
Domingo (30): Maratón ¿?

Ya camino las calles de Zaragoza. Ya oré a la Virgen del Pilar. Echo la mirada atrás sobre el largo camino corrido intentando atrapar todas las sensaciones en una sola, para el domingo escribir otra historia maratoniana. Una historia que empezó en el mes de julio, a orillas del mar, y que está llegando a su fin. Afronto la carrera con buenas sensaciones sicológicas y creo que también físicas, quizás fruto de haber afrontado los entrenamientos con positividad, intentado ver siempre el vaso medio lleno. He tenido alguna salida mala, pocas, en la que minimizado los daños morales.
He releído las entradas de este reto y no veo más que ilusión por cumplir un sueño…que se cumpla ahora depende solo de mí.
Echando la vista más atrás todavía he recordado la III Maratón Internacional de Zaragoza, la edición del 2009, esta fue su historia.
Llegó el día de la magia.

martes, 25 de septiembre de 2012

A Zaragoza: más cerca



Undécima semana: Del 18 al 23 de septiembre. 

“No merece gustar la miel quien se aparta de la colmena porque las abejas tienen aguijón”, de William Shakespeare.

Martes (18): 4,770 km. en 28m15s.
Jueves (20): 4,770 km. en e27m56s.
Domingo (23): 20,180 km. en 1h48m41s, a 5m23s.

Me encuentro en fase de recuperación corporal, como dije en la entrada anterior: “El trabajo duro está hecho”.
He transitado  la semana sin apenas desgaste físico, dos salidas cortas y a ritmos cómodos con la compañía de mi hijo, dejando todo el trabajo para la tirada larga del domingo. El último test, el día clave para saber si tengo opciones de conseguir el objetivo, donde tenía previsto sacar conclusiones, “tendré el ritmo, la fuerza y la moral suficiente para atacar mí objetivo”, pero las condiciones climatológicas dieron al traste con lo previsto. Mucho aire y lluvia, fuerte en ocasiones, fueron unos invitados con los que no contaba, lo que hizo un entrenamiento duro y muy trabajado, tanto en el plano físico como en el mental.
Al final 5m23s de media. Tres segundos por encima de ese ritmo que desde hace tiempo tengo metido en la cabeza. No siento que haya sido un fiasco; lo intenté en todo momento, queriendo ir siempre de menos a más. Soy consciente de mis posibilidades, sé que voy justo y que lo consiga o no dependerá de muchos factores, algunos ajenos a mí, pero al menos una cosa tengo claro: No quedará por intentarlo. El ánimo sigue intacto.

jueves, 6 de septiembre de 2012

A Zaragoza: en mi mano

Octava semana: Del 27 de agosto al 03 de septiembre.

“No creo en la casualidad ni en la necesidad: mi voluntad es el destino”, de John Milton.

El tiempo pasa y me acerca al objetivo en un estado de satisfacción. Una satisfacción que se ha ido afianzando con cada entrenamiento, intentando siempre suplir carencias físicas con actitud mental, lo que me ha llevado sin querer a ser ambicioso con el planteamiento de carrera.
En cuanto a los entrenamientos semanales, solo una variación, trasladé la tirada larga del domingo al lunes con la única intención de descansar un día más y afrontarlo con garantías para que no se convirtiese en un lastre para mi cabeza.
El martes, día 08, realizo el rodaje de recuperación; 10 kilómetros, por las cuestas de los pinos, disfrutando del paisaje y del ritmo cómodo.
El jueves, 11 kilómetros de ritmo exigente; siempre de menos a más, que no me aparta de las buenas sensaciones.
El sábado, tocaban los 10 kilómetros de la XI Carrera Popular “El Cachón de la Isla”, de Valencia de Don Juan, en la que, desde un principio, el planteamiento era ir a tope. Al final una media de 04m48s que me dejó más que satisfecho.
El lunes, día 03, con un día de retraso, pero con un día de descanso, afronto la tirada larga con una única meta: rodar por debajo de 5m20s. Al final los números son los que dictaron sentencia, 18 kilómetros a 5m18s de media.
El sueño de Zaragoza es posible, por delante cuatro semanas para trabajar, mejorar y rodar cómodo a ese ritmo.