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martes, 15 de agosto de 2017

XIV Carrera Popular Losada: mi historia

Vuelvo a Losada. Todo está como siempre o al menos así lo sigo viendo yo. Viaje hecho con mis amigos del “Nunca”. Recogida de dorsales, cita con nuestros cafés, y a calentar lo que se pueda, que ya el sol está haciendo lo suyo, y a la línea de salida para afrontar el nuevo y desconocido recorrido.
Me sitúo tras la línea, en la parte trasera del grupo, a esperar el final de la cuenta atrás y el momento de correr. ¡Ya! Es la palabra mágica. El momento esperado de correr y de afrontar el primer cambio del recorrido. Mis pasos, los pasos de todos, se meten en ese estrecho camino que poco a poco se estrecha más, y más, hasta acabar en estrecha senda. Senda de correr de uno en uno, a mí me da igual, no sé lo que pensaran los que quieran correr más. Yo para empezar no me parece mal el ritmo. Salimos de la trampa y otro camino que nos lleva a las calles de Losada. A lo conocido, a un asfalto que poco a poco nos sube. Una subida que mis piernas no asimilan bien y atrancan todo el engranaje. Empiezo a sufrir sin tener que hacerlo. Giro a la izquierda, sube y baja hasta volver hacia la ermita y vuelta al centro del pueblo. Vuelta a ese camino que poco a poco se estrecha, a ese camino que se hace senda, y que enfila a los corredores. A esas calles ya conocida. A sufrir ese repecho que sigue atragantándome. El aire parece que no entra en mis pulmones. No voy cómodo. ¡Sufrir!, no era a lo que venía. Del sube y baja, a llegar al giro a la derecha que nos aleja de Losada. Subir y subir es lo que ahora hay por delante. Kilómetro 4. Recibo el primer avituallamiento como un regalo. La garganta seca agradece el agua. La suave rampa se va adaptando a mi zancada, las malas sensaciones me van dejando. Pasos cómodos, tranquilos, agradables ahora. Disfruto del entorno de robles, de los helechos que se echan encima y  relajan el esfuerzo. Las rampas de tierra, duras al final, nos desembocan en el asfalto de una apartarla carretera. Subidas y bajadas. Repechos que ahora afrontó con comodidad en espera de la bajada a tumba abierta hasta Losada. Otro avituallamiento. Este que separa lo duro de lo blando. Las subidas de la bajada. De un esfuerzo a otro esfuerzo. Otro trago de agua y a dejarse ir. Dejo que mi zancada sea larga, que el aire me llene. Sin darme cuenta llego a las primeras casas de Losada, donde a las puertas de sus casas, algunos sentados, otros de pie, sus vecinos aplauden a mi paso. Palabras de ánimo que me llevan a cruzar la meta en poquito menos de una hora.
¡Uf! ya acabó todo. Carrera dura, pero ahora ya se ve todo de otro color. Del color naranja, por supuesto, del color del “ Nunca”. Del color de compartir la alegría del triunfo de Alicia y del podium de Paqui, y del gran esfuerzo del resto de compañeros. De la post carrera. Del color de todas las risas.

domingo, 13 de agosto de 2017

XIV Carrera Popular Losada: Fotos

Mucho tiempo sin aparecer por aquí; muchas historias aparcadas en las hojas de ese viejo cuaderno. Hoy es hora de recuperar, no sé si las ganas de escribir, pero si las ganas de volver por aquí.
Ayer se disputó la XIV Carrera Popular Losada, puntuable para la VII Copa Diputación Carreras Populares de León.
Nueva organización para mí y nuevo recorrido para todos.

Os dejo con fotos de la carrera. Búscate, que quien busca encuentra. FOTOS.

jueves, 13 de agosto de 2015

XII Carrera Popular de Losada: Mi historia



Si como dicen, se vuelve a casa por Navidad, yo vuelvo en agosto a la carrera de Losada. Me gusta volver año tras año y sentir el cariño y buen recibimiento de sus gentes. Vivir los previos de la carrera sin prisas, entre charlas y saludos; vivir ese calentamiento en el que das la primera vuelta al pueblo; ese ir acercándote a la salida, al arco que te dejará solo ante el peligro.
Llega la hora en que los corredores se sitúan en el lugar que creen les corresponde, la carrera después dirá la última palabra; los comentarios de otros días se suceden; los murmullos los rompe el sisear del cohete que asciende al cielo de Losada, y que tras el rotundo estruendo nos indica que hay que ponerse en marcha. Yo, desde la parte trasera, tranquilo, aún con los recuerdos de impaciencias vividos hace ocho días, y por los que hoy no pienso pasar, me dedico a dejarme ir, a coger poco a poco mi ritmo, a empezar a disfrutar. La primera vuelta transcurre entre los que te adelantan porque tienen más prisa y entre los que adelanto porque tienen menos prisa que yo. Los aplausos y gritos de ánimo llenan mis oídos. En la segunda vuelta el ritmo se hace más constante, me encuentro cómodo con él y lo adapto para la tercera, la que me sacará del pueblo. Empiezo la subida y sé que toca sufrir un poco; acorto la zancada para subir con más comodidad, me lleno de recuerdos para no pensar en el esfuerzo, controlo la respiración mientras oígo como el corazón late con más fuerza. Me adapto a la circunstancia, y fijo la mente en el monte que me espera en lo alto. Paso tras paso, gritos de aliento, entre el polvo que levanta el camino, entre el sol y la sombra, llego arriba. Me tomo un tiempo para coger aire, poco, antes de lanzarme hacia el pueblo. El retorno, camino abajo, es agradecido y se hace rápido. Losada, de nuevo, me ofrece el último paseo, la última interminable vuelta que me lleva a abrazar mi meta.