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domingo, 14 de julio de 2019

VIII Carrera Popular Sena de Luna: Entre amigos


Sena de Luna me reencuentra con mis amigos del Nunca correrás solo, con los buenos momentos, con las risas de la pre carrera y con las risas de la post carrera; con todo lo bueno que me deja el correr.
No queda mucho para que empiece la carrera, y todavía no he hecho nada para calentar; los saludos a los amigos, las breves charlas, se han llevado el tiempo. Un breve trote de ida y otro breve trote de vuelta han valido, por lo menos, para despertar al cuerpo y hacerle ver a lo que ha venido.
Tras la línea de salida, en la parte trasera del grupo, espero el momento. Desde el cinco hasta el ya. ¡Vamos al lío!. Con tranquilidad y con la única consigna de disfrutar sin sufrir lo más mínimo doy los primeros pasos de realidad. El entorno merece la pena para correrlo. Caminos y sendas de sube y baja, de piedras y tierra, de sol y sombra. Con la montaña altiva en la distancia y el río modesto, el Luna, casi a nuestros pies. Con la dura subida por la interminable calle de Rabanal de Luna. Ir y venir, sin presión; sin la presión de las prisas. Siguiendo pasos de amigos, compartiendo mis pasos con ellos; cruzando mi meta recordando la meta de Comillas.
Buena mañana, llena de grandes momentos. ¡Gracias chic@s!

domingo, 19 de mayo de 2019

XIV MEDIA MARATÓN DEL DULCE: FOTOS

Cuando en el correr encuentras el compromiso, la solidaridad, o la amistad. Cuando al correr te unen las mismas ilusiones. Cuando lo mejor de correr son las risas y compartir momentos con los tuyos.
Podría seguir, y a buen seguro seguiría encontrando motivos para correr con mis compañeros del Nunca correrás solo, pero por hoy voy a dejar de divagar; mientras comparto con vosotros las fotos de la carrera, de la XIV Media Maratón del Dulce.

martes, 7 de mayo de 2019

XXXIII Carrera Popular el Salvador: Mi historia


Tras el arco de salida, espero junto a mi hijo, Diego, con el que compartiré mis zancadas, el momento de correr. Atrás quedan todos los buenos y agradables momentos compartidos con mis amigos de Nunca correrás solo. Distraído, me sorprende el ¡ya!, ¿en qué estaría pensando o dónde estaría?. El principio, como siempre, rápido y hoy más que pica para abajo. Poco a poco, con las prisas de siempre, ninguna, vamos cogiendo un ritmo de crucero, entre tranquilo y medio exigente, que cuando abandonamos la villa se convierte en constante. Del asfalto a la tierra, donde el camino nos casi obliga a alinearnos en dos filas; el camino que nos lleva a unirnos con el río Tuerto, y que será nuestro compañero durante muchos kilómetros, aunque abandonamos un poco tras cruzar sobre él por ese viejo puente de hierro, testigo mudo del correr del agua. Sigue nuestro camino o nosotros el del. Sigue la fila de a dos, mientras dejamos el río Tuerto, para visitar a quién pronto verterá sus aguas, el río Órbigo, más grande más caudaloso y más famoso. Entre dos ríos, entre dos aguas. Entre los árboles, entre los chopos. Agua y tierra, hierba y piedras que te hacen fijar la atención para no tropezar. Sol y sombra a partes iguales. Sigo, junto a los pasos de mi hijo, cómodo, disfrutando, con un buen ritmo crucero. Abandonamos el río grande y más famoso para volver junto al otro río, el que ya nos va a marcar el camino casi hasta el final. Ahora corremos por su lado izquierdo, hasta que en ese otro puente, más moderno y nuevo, que une un carril bici con otro, cruzamos para correr por su lado derecho, entre él y ese muro, no el de Berlín, ni el del maratón, sino ese largo muro, que se hace interminable, y que casi te mete en las calles de La Bañeza. El gentío de la plaza mayor, con sus aplausos y ánimos, con esa charanga que nos aviva las zancadas.
foto cortesía Mónica
Un último esfuerzo con la meta ante nosotros, a la vista, para cruzar la línea juntos, y pensar en que mi meta soñada está más cerca.
Vuelta a la calma y a la familia del Nunca. A compartir.

miércoles, 31 de octubre de 2018

III Carrera Popular Villamañan: Mi historia


Una historia de recuerdos. Hace frío, o más bien está fresco, es mi primer pensamiento al llegar a Villamañan, lo que hace que tras recoger el dorsal, ya junto a mis compañeros del Nunca correrás solo, nos apresuremos en encontrar un refugio para ese café, o en buscar a José María que ya lo buscó por nosotros. Ese café lleno de conversaciones, lleno de sonrisas. Esos momentos compartidos. Alargamos el tiempo más de lo normal por querer evitar lo inevitable: volver a la calle. Preparativos, foto, y calentamiento, hoy más agradecido que otros días.
Ya, tras la línea de salida. El sol, tímido, que quiere unirse a la fiesta. Un minuto para la salida, grita el speaker. Cinco, …, uno, ¡adelanteeee!, y la carrera se lanza por las calles de Villamañan. Cobijado en la tranquilidad del grupo unido, siguiendo ritmos, y buscando el nuestro, tiempo habrá para correr desprotegido. Con comodidad, llegamos a Villacé, no entramos al pueblo, lo rozamos, pero allí había estaban sus vecinos aplaudiendo, gritando, animando el paso de los corredores. Me alejo con mi agradecimiento a esos que han salido del calor de sus casas para dar calor a mis pasos. A lo lejos, o quizás no tanto, diviso la primera subida; y no era tanto, porque no tardó en llegar, o no tardamos. Me descuelgo de mi compañera, ella a su ritmo, yo al mío, siguiendo de cerca sus zancadas. Arriba ya, veo que coge otros ritmos, así que sin prisas por dar alcance me acomodo a mi carrera. Me abstraigo, me distraigo en el paisaje de terrenos baldíos, adornado de viñedos. En un paisaje de colores grises. Otra subida y otro repecho, creo que el último. Subo el repecho, a mi ritmo.
foto cortesía Cundi Vega
La distracción no me ha venido mal, el ritmo cómodo no es malo, y sin darme cuenta llego a Benamariel, a la que entro por ese túnel, por esas bodegas, por esa calle animada que me lleva a su plaza, a toda esa gente que allí espera pacientemente, ¡gracias!, a correr sus calles para salir otra vez a los caminos; caminos ahora rodeados de chopos. Mis pasos me acercan otra vez a mi compañera. Vuelvo a compartir mis zancadas, a avanzar juntos, por esos caminos que, entre rectas y giros, transcurren entre las hileras de chopos, que el otoño desnuda poco a poco, que viaja un rato en paralelo al Esla. Los kilómetros pasan con su compañía, hablamos poco, un ¿qué tal? de vez en cuando, un ¡vamos ya no queda nada!. A lo lejos la torre de la iglesia. Corremos en silencio. Ya estamos más cerca. Ese ¡vamos! Con el eco del pasadizo que nos mete en el pueblo. Trescientos metros que ya serán cuatrocientos.
Corremos ya con los ánimos de los nuestros, la recta, los bonitos mensajes pintados en el suelo, el arco... 
foto cortesía Silvia
...
la meta, la iglesia, el abrazo. El reencuentro para compartir la llegada.

domingo, 14 de octubre de 2018

XX Media Maratón “Vía de la Plata”: Fotos.

La VIII Copa Diputación Carreras Populares de León, nos llevó hasta la localidad de La Bañeza, donde se disputaba la XX Media Maratón “Vía de la Plata”.
La mañana hacía presagiar lo peor, en cuanto a lo climatológico se refiere, pero al final quedo todo en eso, en un presagio, y después de la salida se quedó en una buena mañana para correr. Y posteriormente,  y ya con la compañía del Nunca correrás solo, disfruté de una buena pos carrera.

Os dejo con las fotos de la carrera: PINCHA AQUÍ.

domingo, 23 de septiembre de 2018

IX Carrera de Relevos “Pueblos Leoneses”: Fotos


Hoy la VIII Copa Diputación Carreras Populares de León, nos acercó hasta la localidad de Molinaseca, donde tenía lugar la IX Carrera de Relevos “Pueblos Leoneses”.
Tres relevos para disfrutar de unos bonitos paisajes. Un día para pasar el día con los amigos del correr.
Os dejo con las fotos de la carrera: PINCHA AQUÍ.

martes, 11 de septiembre de 2018

XVII Carrera Popular “El Cachón de la Isla”: Mi historia.


Valencia, la de don Juan, en una mañana de sábado. Del primer sábado de septiembre. Dejamos a un lado las prisas, por ahora, y empezamos, a pedir esos cafés que tanto nos unen, y a llenar el tiempo de buenos momentos. Los dorsales empiezan a lucir en nuestras camisetas, lo que indica que el tiempo de reposo se va acabando. Abandonamos la agradable espera y nos vamos a la espera de la cuenta atrás; una cuenta atrás rematada por la “chifleta”, que ¡oh! ha fallado. Y otra vez a contar y esta vez ¡si!. La armonía se rompe pronto, y cada uno a lo suyo, siguiendo el camino que nos lleva a cruzar sobre el río Esla y a correr ese carril bici, ahora de ida, hasta ese giro que nos mete entre esas bodegas, donde en otros momentos seguro corre el vino, y nos deja, de frente, con esa vista del castillo, que se muestra grandioso, y a correr otra vez ese carril bici, ahora de vuelta. A correr, a seguir un ritmo que me llene de sensaciones, de cara a ese "Camino al 32", que en breve dara empezaré a recorrer. A entrar en Valencia por esa calle en cuesta, que siempre me medio mata; a correr un poco por sus calles, poco, hasta echarnos otra vez a orillas del río.
Ese río Esla, que cruzamos sobre ese puente que nos devuelve al otro lado, para entrar en el paraje del “Cachón de la Isla”. Caminos de tierra sombreado a ratos por los altos chopos, donde sus hojas se balancean mecidas por una suave brisa, y deja que mi sombra se asome entre claro y claro. Kilómetros en los que ya se ansía el fin. Kilómetros de camino rematado en el asfalto donde la zancada se alarga en busca de la fina línea de meta. Vuelta a la calma. A la nevera. Vuelta a las sonrisas compartidas, que son los mejores, con los más grandes, con los del Nunca correrás solo.

jueves, 23 de agosto de 2018

V Carrera Popular Santa Marina del Rey: Será por ajos.



Suficiente, de momento, para hacer ambiente: una chopera, un río, el Órbigo, un pájaro que vuela, o dos, un bar, aún cerrado, el Nunca correrás solo, mis amigos. “¿Benavides queda lejos?”. Risas. Tiempo de espera hasta que el bar, que estaba cerrado, abre. Somos los primeros en llenarlo con aroma a café. Tiempo de charlas, de sonrisas, de amistad. Tiempo de preparativos, y ya con el dorsal en el pecho inmortalizamos el momento en la foto de grupo. Calentamiento para quemar los últimos minutos. En la salida, bajo los chopos, a orillas del río, llega la cuenta atrás. Breve, desde cinco, que es suficiente. Salimos, corremos. Un camino, dos rodadas, dos filas de corredores, polvo que se levanta. Chopos, sombra. El Órbigo a la izquierda, los maizales a la derecha. Camino y más camino. Sensaciones que parecen abandonarme. Sombra y sol. El pueblo, Sardonedo; el avituallamiento, tres voluntarios y una botella de agua, un trago. Una calle y unos aplausos para despedirme. El canal y su pista; un rumor, el del agua que me acompaña, y que no distrae la fatiga que llevo instalada en mi cuerpo. Las piernas me pesan y la cabeza no responde. Vuelve otro camino, que deja de mirar al agua, y que ya mira a Santa Marina. Mis pasos se afanan en correr tras de mi sombra, que me adelanta para llegar cuanto antes. Para acabar con esto, con este camino que ya entra en el pueblo. Ya llego. Ahí están sus calles, con sus breves aplausos, con los últimos ánimos. Y de pronto ya no queda nada. La última calle gira, y todo mi esfuerzo se deshace en la meta.