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martes, 1 de abril de 2014

XX Maratona di Roma: Vini, vidi, vinci.




Roma, cualquier día del año 26 a.C. o de cualquier otro año. Pretorianos, gladiadores o viejos legionarios. Emperadores y esclavos.
Roma, 23 de marzo de 2014 d.C. Estoy despierto. Los ojos cerrados. Soñando con la historia que la ciudad atesora en sus calles. Queriendo soñar con la pequeña historia que pronto escribiré en ella. Atrapando sueños.
Abro la ventana antes de bajar a desayunar, y de reunirme con mis amigos y compañeros de viaje, miro la calle, aún desierta, mojada por una fina lluvia escapada de un cielo gris, aunque la temperatura parece buena para correr. Me consuelo. Todo va bien.
El grupo preparado: Gonzalo, Arsenio, Eduardo, Juan Carlos, y yo, y Azucena, Paqui y Ángeles. Corredores y animadoras. Risas tontas y sonrisas; dudas y temores; miradas taciturnas y miradas cómplices; maratón. El Coliseo es testigo de nuestra despedida. “Suerte”.

Nos vamos adentrando en la carrera. Ahora sí. Cuerpos cubiertos de plásticos que soportan impasibles el chaparrón que sobre ellos cae, pero que lejos de minar su moral les hace más fuertes. Rodeado de mis amigos, y al sentir la cercanía de la salida, cumplo con mi ritual: miro en mi interior, ruego y pido para que las sensaciones positivas vayan conmigo; sé lo que quiero, como lo quiero y cuando lo quiero. 
Vamos amigos. Otra vez: “Suerte”. Nos movemos despacio y trotamos con mucha dificultad. Decir que no hay prisa, que es mucho lo que tenemos por delante, no sirve. Todos queremos correr. Poco a poco, muy poco a poco, vamos encontrando pequeños huecos, aunque estos aún no permiten coger el ritmo crucero. Las primeras bandas de música y las primeras obras de arte entretienen nuestros pensamientos. Gonzalo y Arsenio se van yendo, mientras Eduardo y Juan Carlos permanecen a mi lado. Un dúo y un trío para llegar a meta. Pronto, cerca del kilómetro 2, recibimos los primeros ánimos, allí, bajo la lluvia se desgañitan Azucena, Paqui y Ángeles.
La vista de izquierda a derecha, arquitectura por todas partes, distingo el ´Teatro de Marcelo´, el templo de Vesta. Tropezones inocentes y el asfalto mojada hacen que extreme mis zancadas. El correr sigue siendo difícil, y la proximidad del primer avituallamiento lo complica; todos como posesos buscamos un vaso de agua, una botella, que aunque ahora sea innecesaria a la larga dará sus frutos. No nos dejamos engañar por el tiempo, y bebemos para combatir la humedad, que hace que sudemos en exceso. El trío no se ha despistado y permanece junto. Dejamos que los kilómetros vayan pasando (además que otra cosa podemos hacer); ya se puede correr mejor y vamos acercándonos al ritmo de carrera, o al menos al que yo tenía previsto. Cruzamos el río Tiber por primera vez, y ya entre idas y venidas, y durante muchos kilómetros, se convertirá en un compañero más. Entre calles nos vamos alejando del centro de la ciudad. Charlamos y disfrutamos. Miramos. “Que tal” pregunto a Eduardo, “Bien”. El avituallamiento del kilómetro 10 provoca otro desorden en la carrera. “Cogemos el agua al final”. Nos dejamos ir por los corredores que nos preceden, sin agobiarnos. Otro cruce de río, que nos vuelve a regalar monumentos y edificios. Seguimos corriendo y mirando. Mirando ahora a la gente que llena la acera; estamos cerca del punto donde por segunda vez nuestras chicas gritarán nuestros nombres. Las vemos, kilómetro 12, agitando la bandera de España. Aplaudiendo. “Vamos, vamos”. Todo bien.
No hay tiempo para más. Continuamos a orillas del Tiber, ”río Tevere le llaman los romanos y como dijo San Agustín: ´Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos´”, y por lo que veo con la mente en Babia. El avituallamiento del 15 y después Eduardo “mira el castillo de San Ángelo y la cúpula de San Pedro”, me sacan de mis pensamientos vacios. Apresuramos nuestros pasos en busca de uno de los momentos de la carrera: encaramos la ´Via della Conciliazione´, con la Basílica de San Pedro al fondo. Grandiosa foto para nuestra retina. La calle, la imagen toda para nosotros. No apartamos la mirada de su grandiosa figura, de su entorno. Sin entrar en ella, bordeándola, la dejamos por el ´Largo del Colonnato´ camino del kilómetro 18, castigados de nuevo por la lluvia, que ahora nos golpea con fuerza. Corremos con el pensamiento de que nada conseguirá doblegarnos. Media maratón. Media carrera. Vamos bien. El entorno va cambiando y tengo la sensación de que vamos a empezar los kilómetros insulsos, los de la basura, los que más cuesta correr. Kilómetro 23, no me equivoqué, “aquí también hay casa de campo o desierto de la lastra”. Mi cuerpo empieza a acusar la fatiga, “tirar”, “no, seguimos juntos” contestan. Intento liberar mi mente de pensamientos negativos. “Mira ese” señala Juan Carlos, “¿y ese otro?. Risas que vienen de fábula. Entre uno y otro, “yo tiro por aquí” les digo, “ si mejor que te …. una vez que no toda la vida”. Carcajadas. Evasión de mente. Otra vez con ritmo. Otro avituallamiento. Otro gel. Otro kilómetro, el 25. La pequeña crisis ha pasado y ahora que no hay mucho para ver mejor es pensar en la nada. Corremos entre zonas deportivas, sin aplausos, ni gritos de ánimos, sin gente, y aún lejos de regresar a esas calles; recordé momentos y viajes vividos que me iban ayudando a superar el cansancio, me acordé, como no, de muchos amigos, de esos que quizás ahora estarían pensando que corrían conmigo. Todo eso me iba ayudando, siempre lo ha hecho. Kilómetros y kilómetros. Lo pasado ya no cuenta. Kilómetro 33, donde el bullicio vuelve a hacerse notar, y donde el correr vuelve a hacerse más fácil. Donde la historia de Roma está más presente. La ´Piazza Navona´ con sus terrazas llenas de turistas mirando. Simplemente mirando. El cansancio hace que prestemos más atención al suelo, a ese suelo adoquinado, irregular la mayor de  las veces. Un suelo al que teníamos miedo pero que no ha castigado tanto. La gente ahora si empuja. Sus gritos y su sacudir de banderas llevan a los corredores. Vuelvo a mirar a los lados a la derecha, nos acercamos al 37 y medio, y por ahí tienen que andar nuestras chicas. “Allí están”, levantamos nuestras manos.
Nos ven, y cruzo mi mirada con la de Ángeles. Sonrío con sinceridad. No necesitamos más. “Esto ya casi está”. La ´Via del Corso´ nos lleva a la ´Piazza del Popolo”. Kilómetro 39. ´Piazza di Spagna´, Kilómetro 40. Ya no importa ni el cansancio, ni la lluvia, ni nada, solo llegar. ´Piazza Venezia´, kilómetro 42.
Vuelvo a buscar entre el bullicio a nuestras acompañantes, a la derecha, como habíamos quedado, y allí vuelven a estar. Gracias chicas. Últimos metros del trío. Nos agarramos las manos y así cruzamos la meta. 3h54m46s.
Gracias a los amigos que compartieron conmigo las calles romana.
Y la historia acabó como quería mi amigo Abe “Vini, vidi, vinci”.

domingo, 23 de marzo de 2014

Roma: Llegó tu hora


Las 08:50 horas de un 23 de marzo. La hora de la verdad.
Venido desde Hispania, desde el campamento de la Legio VI Victrix, un leonés "irreductible" ha llegado para conquistar Roma.
Alea jacta est.

viernes, 21 de marzo de 2014

Maratona di Roma: 11ª y 12ª semana



Del 10 al 21 de marzo
Hoy, la última entrada de la preparación de Roma, no voy a dejar ni tiempos, ni salidas, o si estas han sido largas o cortas. Solo decir que han pasado dos semanas, en las que simplemente he salido a correr, que también he corrido la media de León, todo con mucha tranquilidad y rodeado de amigos.

Se acerca el momento para el que he estado entrenando o para el que me he estado preparando. He entrenado bien, creo que estoy bien, quizás mejor de lo que yo esperaba cuando empecé esta aventura. Lo que me genera dudas. “¿Cuánto piensas hacer?” me preguntaban el miércoles. “No lo sé, ahora no lo sé”. Y a estas alturas sigo sin saberlo, y tengo la impresión que tampoco lo sabré hasta el domingo.

Antes lo tenía claro, correr y disfrutar de otro maratón. Hoy, después de la media leonesa, de todas las sensaciones que mi cuerpo recogió, tengo una duda: Sigo con la vieja idea o me dejo llevar.

Realmente me gusta esta situación, y ojala sean siempre estas las dudas que me asalten.

Parece mentira que a estas alturas, y después de cientos de kilómetros, del viento, de la lluvia, del frío y del calorcillo de estos últimos días, no esté todo hecho.

Vamos a por Roma. Amigos (y amigas) va por vosotros.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Maratona di Roma: 9ª y 10ª semana


Del 24 de febrero al 09 de marzo
Tercer mes. Han pasado ocho semans y parece que fue ayer cuando arrancábamos. Llego hasta aquí satisfecho con el trabajo realizado; quizás el de más desgaste de los últimos maratones. También, es cierto, que me encuentro cansado, y siento la necesidad de recuperar el cuerpo para que este responda a las exigencias que la cabeza le va a pedir.
El camino que hasta aquí he seguido ha sido bueno, pero lo voy a abandonar para seguir otro paralelo que me permita seguir más tranquilo. Vuelvo a mi viejo plan; vuelvo a mis viejos y conocidos rituales, de forma paulatina.
Aún así, la novena semana ha sido dura y trabajada, con un ojo puesto en la recuperación y con el otro en la larga tirada del domingo, 31 kilómetros.
Los cinco días de esta semana dieron para 89,330 km.
El martes, día 25, después del merecido descanso del lunes, afronto 16,010 km. con la única intención de rodar.
El miércoles retomo las series; 2×2000 + 4×1000+ 4×800, que entre ellas, el calentamiento y enfriamiento dio para 16,800 km.
El viernes, ni tengo ganas ni buenas sensaciones, y con la fatiga como bandera corro 11,410 km.
El sábado, día 01, 14,110 km. pensando en lo que mañana se me viene encima.
Y el domingo la tirada más larga, 31 km. justos; ni un paso más. Buen entrenamiento.
La décima semana es donde realmente empieza el gran cambio. No necesito forzar más, solo dejar que los entrenamientos afloren, y sobre todo reponer fuerzas. Tan solo cuatro salidas, para un total de 63,570 km.
El martes, día 04, siento que necesito recuperar sensaciones, para ello que mejor que un rodaje tranquilo de 10,350 km.
El jueves entrenamiento suave de 13,420 km., en compañía de mis amigos del “Nunca” Joaquín y María Jesús.
El viernes, otro rodaje en compañía de María Jesús. Y buena compañía, y buen entrenamiento de 13.210 metros.
Y el domingo, otra tirada larga, y otra salida en compañía. En esta ocasión con Fernando que correrá el maratón de Barcelona, de José, Javier y José Manuel que irán al de Madrid, y de Gonzalo, Arsenio y Eduardo que me acompañarán en Roma. Un grupo que a primera hora se suben al tren de Feve en dirección a Matueca, para desde allí regresar a golpe de zapatillas a León. Gran mañana de 24,170 km.
El objetivo cada vez está más despejado, y empiezo a verlo todo mucho más claro.

viernes, 28 de febrero de 2014

Maratona di Roma: 8ª semana


Del 17 al 23 de febrero
Llevo un par de semanas escuchando a mi cuerpo, intercambiando impresiones y sensaciones; siendo precavido en los entrenamientos. Mis piernas cansadas me han hecho guardarme un poco. Esto no quiere decir que no esté bien, ya que me encuentro con ganas y me siento fuerte. Además estoy seguro que en el mes que aún queda por delante todo mejorará.
Los días de entrenamiento ya han pasado a ser cinco (está semana cuatro por las necesidades del guión), lo que quiere decir que con más descanso recuperaré mejor y asimilaré el trabajo realizado. La semana ha dado para 60,297 km.
El martes, día 18, toca volver a la carga. De nuevo cuento con la compañía de Mª Jesús, con quien completo los 11,700 km. del entrenamiento de hoy. Disfrutado y de menos a más.
El miércoles vuelven las series, que aunque no me gustan nos vamos soportando; hoy 2x(2000+3000), que entre unas cosas y otras dieron para 16,500 km.
El viernes empiezo a pensar en el domingo y salgo a por una tirada tranquila, sin forzar en demasía. No quiero guerras. Al final 11 kilómetros de paz casi espiritual.
El sábado, día 22, tenía que salir y salí, pero a compartir mesa y mantel con los amigos del Nunca de Madrid, con los que nunca me fallan y han escrito junto a mí páginas de locura. Y este compartir es lo que ha hecho que hoy sean mis amigos.
Y el domingo me sitúo en la línea de salida de la media maratón de La Latina con el objetivo de hacer un pequeño test, lo que trae consigo que afronte la carrera con exigencia. Trabajada de principio a fin, 1h50´08´´, que no me deja satisfecho, pero de la que intentaré sacar las mejores conclusiones.
De momento la hora de ser loco aún no ha llegado.

miércoles, 8 de enero de 2014

Maratona di Roma: 1ª semana


Del 30 de diciembre al 05 de enero
A caballo entre un final de año donde ya no merece la pena luchar por los sueños incumplidos, y el nuevo año donde todo son buenos propósitos y ganas de perseguir proyectos.
El camino de Roma es uno de esos buenos propósitos a cumplir, y que tengo la certeza que, salvo contratiempo, así será. El objetivo es el de siempre en estos casos: Disfrutar. Disfrutar de un viaje de tres meses en los que espero no sufrir en exceso, y llegar a disfrutar de la meta.
Vuelvo después de un descanso de casi quince días, por lo que empiezo con tranquilidad, que es como se deben afrontar estas cosas, y sin prisas por conseguir un resultado, este ya llegará.
El regreso al asfalto quedó como sigue:
Resumen semana 1ª: Total km. 30,430.
Martes, día 31, vuelvo a la rutina con una suave salida de 8,030 km.
El jueves un rodaje de 7,680 km. más tranquilo que el día anterior.
El sábado, día 04, tengo reservado el primer entrenamiento exigente, y siempre adecuándolo al estado físico en que me encuentro, realizo 32 minutos de cambios de ritmo, más los consabidos calentamientos y enfriamientos.
El domingo, debería haber hecho una tirada de 10 km. pero prefiero cambiarla por acudir a una agradable cita de amigos, donde lo importante no son los 6,220 km. recorridos entre el barro y el asfalto, sino la compañía.
Esto es lo que ha dado la primera semana. Escaso bagaje de kilómetros que poco a poco y paso a paso irán aumentando. Seguro.