viernes, 18 de abril de 2014

RE-VERSOS: SANTA TERESA DE ÁVILA



Soneto a Cristo Crucificado

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
¡Tú me mueves, Señor!
Muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido;
muéveme ver tu cuerpo tan herido;
muéveme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme en fin, tu amor,
y en tal manera
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera. 

Atribuido a Santa Teresa de Ávila

domingo, 13 de abril de 2014

PROCESIÓN JESÚS DE LA ESPERANZA: LEÓN




España entera disfruta de la Semana Santa. León disfruta de su Semana Santa. Yo disfruto de mi Semana Santa. Entonces yo disfruto de la procesión de Jesús de la Esperanza. Cualquier debate filosófico de los antiguos y viejos filósofos llegaría a esta conclusión; véase Aristóteles, Platón, y otros, diría: Saturnino disfruta de la procesión de Jesús de la Esperanza.

La Semana Santa no es solo Jueves Santo y Viernes Santo; algo que se les olvida a nuestros queridos comunicadores. No son solo los días centrales, no son solo esas procesiones que quieren acaparar el protagonismo de una Semana Santa que abarca muchos días, muchas procesiones. No son solo esas cofradías que presumen que fueron creadas en la Edad Media y que siguen ancladas en esos siglos. La Semana Santa es mucho más; son muchos más días, son muchas cofradías, son muchas bandas, son muchas agrupaciones, son muchas horas. Son muchas ilusiones. Son muchos Papones. La Semana Santa es mucho más.
Ayer volví a compartir procesión con Ángeles. Ella va con la Esperanza y yo voy junto a ella. Siguiéndola, presente en todas las calles, en todas las esquinas. Allí estaba yo, animando, apoyando, pujando desde fuera; como ella hace en tantas y tantas carreras. Ayer volvieron a hablar nuestros ojos.
Y disfruté de su procesión, sufrí su cansancio y disfruté de su gozo.
La Semana Santa es mucho más.

domingo, 6 de abril de 2014

III Carrera Popular Sahagún Mudéjar


La mañana se presentaba incierta, debatiéndose entre un cielo cubierto o despejado. Con solo esa duda, que no dependía de mí, me acercaba a Sahagún, junto a Ana, Joaquín, María Jesús, compañeros del Nunca correrás solo, y Lucía, a correr su carrera popular. Hoy Ángeles no ha podido acompañarme.
Lo demás estaba todo claro, compartir la mañana con mis amigos del “Nunca”, correr junto a mi compañera María Jesús, y estrenarme en la Copa Diputación de Carreras Populares de León. Claro y sencillo.
Después de todos los prolegómenos, y con la puntualidad que estas cosas deben tener empezamos la fiesta.
Bajo el arco de San Benito y a la voz de “preparados, listos, ya”, empiezo el trote junto a María Jesús. El recorrido favorable en estos primeros metros lo aprovechamos para situarnos en carrera e ir cogiendo el ritmo. Asfalto, tierra, asfalto para empezar a superar la mayor dificultad de la carrera, la subida al Santuario de la Virgen Peregrina. Subida que superamos con tranquilidad, bajando la intensidad del ritmo para no alterar nuestras respiraciones. Una vez salvada la cuesta volvemos poco a poco a nuestras sensaciones, sin prisas. Ir de menos a más ayuda a ver la carrera de otra manera, a no atascarnos en el ritmo. Ahora unos kilómetros favorables para disfrutar, cuesta abajo, con todo a favor. El ritmo, para nosotros, bueno. María Jesús corre fácil y yo sigo acompasando mis pasos. La llegada a la ermita de la Virgen del Puente marca el punto de inflexión, y empezamos a subir todo lo que hemos ido bajando. En suave subida, casi imperceptible si no levantas la vista, vamos apretando los dientes para no perder lo ganado. La estrechez de la senda de vuelta hace que me sitúe delante, que mantenga el ritmo. “Si te atrancas me lo dices””Vale”. Nunca dijo nada y siguió. “Último repecho. Venga último esfuerzo”. Ya estamos de nuevo en las calles de Sahagún, donde recibimos algún ánimo y tímidos aplausos, siempre agradecidos. Ya arriba, superando el último repecho, ahora sí, todo a favor, mil quinientos metros de correr fácil y rápido, de giros y más giros, de recorrer las calles en busca de la meta. De una meta que superamos en 50m14s.
Buena carrera y mejor compañía.
Hoy no me pudo acompañar Ángeles y se encargo del embolado de las fotos Lucía. Así que para disfrutar de ellas PINCHAR AQUÍ.

martes, 1 de abril de 2014

XX Maratona di Roma: Vini, vidi, vinci.




Roma, cualquier día del año 26 a.C. o de cualquier otro año. Pretorianos, gladiadores o viejos legionarios. Emperadores y esclavos.
Roma, 23 de marzo de 2014 d.C. Estoy despierto. Los ojos cerrados. Soñando con la historia que la ciudad atesora en sus calles. Queriendo soñar con la pequeña historia que pronto escribiré en ella. Atrapando sueños.
Abro la ventana antes de bajar a desayunar, y de reunirme con mis amigos y compañeros de viaje, miro la calle, aún desierta, mojada por una fina lluvia escapada de un cielo gris, aunque la temperatura parece buena para correr. Me consuelo. Todo va bien.
El grupo preparado: Gonzalo, Arsenio, Eduardo, Juan Carlos, y yo, y Azucena, Paqui y Ángeles. Corredores y animadoras. Risas tontas y sonrisas; dudas y temores; miradas taciturnas y miradas cómplices; maratón. El Coliseo es testigo de nuestra despedida. “Suerte”.

Nos vamos adentrando en la carrera. Ahora sí. Cuerpos cubiertos de plásticos que soportan impasibles el chaparrón que sobre ellos cae, pero que lejos de minar su moral les hace más fuertes. Rodeado de mis amigos, y al sentir la cercanía de la salida, cumplo con mi ritual: miro en mi interior, ruego y pido para que las sensaciones positivas vayan conmigo; sé lo que quiero, como lo quiero y cuando lo quiero. 
Vamos amigos. Otra vez: “Suerte”. Nos movemos despacio y trotamos con mucha dificultad. Decir que no hay prisa, que es mucho lo que tenemos por delante, no sirve. Todos queremos correr. Poco a poco, muy poco a poco, vamos encontrando pequeños huecos, aunque estos aún no permiten coger el ritmo crucero. Las primeras bandas de música y las primeras obras de arte entretienen nuestros pensamientos. Gonzalo y Arsenio se van yendo, mientras Eduardo y Juan Carlos permanecen a mi lado. Un dúo y un trío para llegar a meta. Pronto, cerca del kilómetro 2, recibimos los primeros ánimos, allí, bajo la lluvia se desgañitan Azucena, Paqui y Ángeles.
La vista de izquierda a derecha, arquitectura por todas partes, distingo el ´Teatro de Marcelo´, el templo de Vesta. Tropezones inocentes y el asfalto mojada hacen que extreme mis zancadas. El correr sigue siendo difícil, y la proximidad del primer avituallamiento lo complica; todos como posesos buscamos un vaso de agua, una botella, que aunque ahora sea innecesaria a la larga dará sus frutos. No nos dejamos engañar por el tiempo, y bebemos para combatir la humedad, que hace que sudemos en exceso. El trío no se ha despistado y permanece junto. Dejamos que los kilómetros vayan pasando (además que otra cosa podemos hacer); ya se puede correr mejor y vamos acercándonos al ritmo de carrera, o al menos al que yo tenía previsto. Cruzamos el río Tiber por primera vez, y ya entre idas y venidas, y durante muchos kilómetros, se convertirá en un compañero más. Entre calles nos vamos alejando del centro de la ciudad. Charlamos y disfrutamos. Miramos. “Que tal” pregunto a Eduardo, “Bien”. El avituallamiento del kilómetro 10 provoca otro desorden en la carrera. “Cogemos el agua al final”. Nos dejamos ir por los corredores que nos preceden, sin agobiarnos. Otro cruce de río, que nos vuelve a regalar monumentos y edificios. Seguimos corriendo y mirando. Mirando ahora a la gente que llena la acera; estamos cerca del punto donde por segunda vez nuestras chicas gritarán nuestros nombres. Las vemos, kilómetro 12, agitando la bandera de España. Aplaudiendo. “Vamos, vamos”. Todo bien.
No hay tiempo para más. Continuamos a orillas del Tiber, ”río Tevere le llaman los romanos y como dijo San Agustín: ´Cuando estés en Roma, compórtate como los romanos´”, y por lo que veo con la mente en Babia. El avituallamiento del 15 y después Eduardo “mira el castillo de San Ángelo y la cúpula de San Pedro”, me sacan de mis pensamientos vacios. Apresuramos nuestros pasos en busca de uno de los momentos de la carrera: encaramos la ´Via della Conciliazione´, con la Basílica de San Pedro al fondo. Grandiosa foto para nuestra retina. La calle, la imagen toda para nosotros. No apartamos la mirada de su grandiosa figura, de su entorno. Sin entrar en ella, bordeándola, la dejamos por el ´Largo del Colonnato´ camino del kilómetro 18, castigados de nuevo por la lluvia, que ahora nos golpea con fuerza. Corremos con el pensamiento de que nada conseguirá doblegarnos. Media maratón. Media carrera. Vamos bien. El entorno va cambiando y tengo la sensación de que vamos a empezar los kilómetros insulsos, los de la basura, los que más cuesta correr. Kilómetro 23, no me equivoqué, “aquí también hay casa de campo o desierto de la lastra”. Mi cuerpo empieza a acusar la fatiga, “tirar”, “no, seguimos juntos” contestan. Intento liberar mi mente de pensamientos negativos. “Mira ese” señala Juan Carlos, “¿y ese otro?. Risas que vienen de fábula. Entre uno y otro, “yo tiro por aquí” les digo, “ si mejor que te …. una vez que no toda la vida”. Carcajadas. Evasión de mente. Otra vez con ritmo. Otro avituallamiento. Otro gel. Otro kilómetro, el 25. La pequeña crisis ha pasado y ahora que no hay mucho para ver mejor es pensar en la nada. Corremos entre zonas deportivas, sin aplausos, ni gritos de ánimos, sin gente, y aún lejos de regresar a esas calles; recordé momentos y viajes vividos que me iban ayudando a superar el cansancio, me acordé, como no, de muchos amigos, de esos que quizás ahora estarían pensando que corrían conmigo. Todo eso me iba ayudando, siempre lo ha hecho. Kilómetros y kilómetros. Lo pasado ya no cuenta. Kilómetro 33, donde el bullicio vuelve a hacerse notar, y donde el correr vuelve a hacerse más fácil. Donde la historia de Roma está más presente. La ´Piazza Navona´ con sus terrazas llenas de turistas mirando. Simplemente mirando. El cansancio hace que prestemos más atención al suelo, a ese suelo adoquinado, irregular la mayor de  las veces. Un suelo al que teníamos miedo pero que no ha castigado tanto. La gente ahora si empuja. Sus gritos y su sacudir de banderas llevan a los corredores. Vuelvo a mirar a los lados a la derecha, nos acercamos al 37 y medio, y por ahí tienen que andar nuestras chicas. “Allí están”, levantamos nuestras manos.
Nos ven, y cruzo mi mirada con la de Ángeles. Sonrío con sinceridad. No necesitamos más. “Esto ya casi está”. La ´Via del Corso´ nos lleva a la ´Piazza del Popolo”. Kilómetro 39. ´Piazza di Spagna´, Kilómetro 40. Ya no importa ni el cansancio, ni la lluvia, ni nada, solo llegar. ´Piazza Venezia´, kilómetro 42.
Vuelvo a buscar entre el bullicio a nuestras acompañantes, a la derecha, como habíamos quedado, y allí vuelven a estar. Gracias chicas. Últimos metros del trío. Nos agarramos las manos y así cruzamos la meta. 3h54m46s.
Gracias a los amigos que compartieron conmigo las calles romana.
Y la historia acabó como quería mi amigo Abe “Vini, vidi, vinci”.