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jueves, 30 de mayo de 2013

"¡ESTA GENTE ES FELIZ! PENSÉ"

Enero, febrero, marzo, abril, mayo y junio. Del invierno a la primavera. El tiempo pasa. El año discurre lentamente y con él los retos que me había marcado.
Primero fue Mapoma, el 28 de abril, después le siguió los 101 kilómetros de Ronda, el 11 de mayo, y ahora le llega el turno a los Aquilianos, el día 01 de junio.
El sábado estaré en Ponferrada para hacer frente al tercer objetivo del año, los 61 kilómetros de la XVIII Travesía Integral Montes Aquilianos.
Desde Mapoma poco o muy poco es lo que he corrido y mucho lo que he caminado. Siento el cuerpo recuperado de los esfuerzos y lo noto descansado.
Los que no corren, cuando me oyen hablar de esto, me dicen que estoy loco. Pero es ¿Locura o pasión?. No lo sé, aunque saber dónde están mis límites convierte la locura en pasión.

Quiero compartir con vosotros unas reflexiones de Juan Jesús Leza Benito, General Jefe de la Brigada de la Legión, extraídas de la carta de presentación de la XVI Edición de los 101 km. de Ronda: “Cuando en mi primer 101, sin conoceros, recapacitaba sobre vosotros me preguntaba: ¿Y a estas buenas personas quién les ha dicho que vengan?¿Esta gente es consciente de lo que van a afrontar?, es que no va a ser fácil. Vale, que sí que vienen, pero ¿Qué vienen a buscar?¿Qué persiguen?. …. Y ahí fue cuando os pillé. ¡Esta gente es feliz!, pensé. Yo quiero estar con ellos. Y vino el primer año (2011), y me asombrasteis. Y vino el segundo (2012), ¡que calor!, y fuisteis mis héroes. Y tuve el honor de compartir con vosotros ratos de sufrimiento y momentos de euforia, y os fui observando, conociendo, disfrutando. Sois los locos más cuerdos y conscientes. Sois los solitarios más sociales. Eso sí, aún sois incomprendidos.”

O quizás como dice Juan Jesús Leza, seamos unos felices incomprendidos.

domingo, 15 de enero de 2012

I CROSS POPULAR VILLABALTER: FOTOS

Mañana fresca, que no fria, para correr el I Cross Popular de Villabalter; carrera con la que daba inicio la I Liga de Cross Popular de la Diputación de León.
No, no corrí, no os alarméis, me tuve que conformar con vivir el ambiente acompañado de mi cámara; aunque ya estoy mucho más cerca, y como me decía Javi Vega "se te acabo la paciencia".
En realidad, no sé muy bien, si es que he agotado mi paciencia o si la mejoria de mi pie ya me esta empujando. O quizás sea un poco de las dos cosas, pero lo cierto es que ya barajo la fecha del 29 de enero para volver a colgarme un dorsal.
Todo se andará.
Os dejo con el enlace de las fotos que saque hoy por la mañana: Fotos.
Si alguién quiere la foto en su tamaño original que no dude en enviarme un correo y se la mandaré a la mayor brevedad posible.

Fotos del blog Media Maratón León: Pinchar aquí.

jueves, 1 de diciembre de 2011

VIII DRAGOMAN 2011: LA HISTORIA

Hay carreras que sin saber muy bien por qué te atrapan para siempre, y este es el caso de la Dragomán, en la que al igual que en los cuentos esperas la llegada del príncipe salvador.
Hace dos años fuí hasta Villafranca a regañadientes, hacía ochos días acaba de correr el maratón de Zaragoza y lo que menos quería era afrontar una subida, pero Sonia se había apuntado y no podía dejarla subir sola; la cosa no fue como a ella le hubiese gustado así que no quedaba más remedio, teniamos que volver.
Yo volví el año pasado, solo, a mí ya me había atrapado el dragón; me había atrapado la carrera y quizás para siempre.
Y volví este año, en esta ocasión con Sonia; cada uno tendría en su cabeza como iba a afrontar la carrera, la mía la tenía clara.
Acompañar a mi hija para cerrar junto a ella un año que nos ha dejado momentos y recuerdos que serán imborrables; para despedir la I edición de la Copa Diputación de León como se merece, corriendo.
Y así, con estos pensamientos, nos encontramos en el patio del castillo de Villafranca del Bierzo, morada cedida por Cristobal Halffter y su esposa para mayor gloria de la carrera, rodeados de quinientos corredores, y bajo el manto de una mañana gélida, a la espera; se acaban los discursos, los parabienes; se escucha el sonido de un cohete que sube y sube, "boom"; esa era la señal.
Salgo del castillo, como un héroe, al lado de mi hija, en busca del dragón, de ese dragón que según cuenta la leyenda solo ven los niños. Situados a mitad del pelotón recorremos los primeros metros, sin prisa, por delante cerca de cuatro kilómetros antes de afrontar la dura subida, tiempo suficiente para que el cuerpo se vaya entonando. Trotamos a un ritmo cómodo, que no desgaste. Los kilómetros pasan y antes de que nos demos cuenta estamos subiendo; la suave pendiente empieza a poner a cada uno en su lugar; llego la hora de la verdad.
Sin tiempo para pensar, sin tiempo para nada que no sea correr y correr cuesta arriba, "a ritmo, a ritmo", le digo a Sonia, aunque a estas alturas de la temporada, de la vida, creo que no necesito hablar; no corro, corre ella, solo acompaño; pasan los duros kilómetros, las duras rampas, alguna palabra de ánimo, atrás queda la niebla, miro los árboles, las viñas, la miro a ella, este año si verá el dragón; entramos en Dragonte, últimas rampas, últimos metros para cruzar una meta.

martes, 8 de noviembre de 2011

VI CARRERA PEÑACORADA: MI HISTORIA

Me atraía la cita y no sé muy bien el motivo; bien pudiera ser porque era la primera Peñacorada realmente popular, o yo qué sé; el caso es que durante la semana había entrenado bien, lo que me había dejado con buenas sensaciones. Y todo ello hace que me acerque a la cita con mucha ilusión y expectativas de hacer una buena carrera. Y con todo ello me situo en el lugar de salida, después de todos los prolegómenos ya habituales, saludos y charlas con los amigos que a duras penas dejan tiempo para el calentamiento, y que damos por un tiempo bien empleado.
Bueno y ahí estoy, ahí estamos, yo situado en mitad del grupo, a medio camino de la cabeza y de la cola, cuando suena el disparo que anuncia el inicio, cuando todo empieza a moverse de forma convulsiva; la salida del colegio Peñacorada bulliciosa pronto nos deja en el silencio de los aplausos, y en esa bajada que acelera nuestras zancadas, y en esa primera subida que nos recuerda que esto puede que no sea tan fácil, “en la segunda vuelta va a dejar cadáveres” le comento a Fernando que corre a mi lado o yo al suyo; dejo la calle Real al mismo tiempo que paso de la ilusión a la mesura, no voy cómodo a ese ritmo, y veo como mi acompañante se va yendo por esa larga avenida Virgen de los Imposibles; intento seguir su estela, pero tengo que ceder y dejar que la cordura impere un poco; el aire sopla de cara y exigir un aporte extra de energía, de esfuerzo; otra subida, aire y vuelta al cobijo de las casas de Armunia, calle la Era, calle Calvo Sotelo sin aire, que alivio, calle el Candil, aplausos que se agradecen; un pequeño callejeo que nos lleva de nuevo al colegio, a la algarabía de nuestro público, de nuestros acompañantes; y vuelta a por la segunda vuelta, terreno ya conocido, y ya abonado por la fatiga; bajadita y subidita, recta y giro frente al fuerte aire, empiezo a sentir el cansancio de una salida impetuosa y quizás atrevida; el rosario de corredores hace imposible buscar un refugio para combatir el viento; paso a paso dejamos Villacedré y buscamos Armunia, buscamos un respiro; los corredores, por goteo, me van adelantado, síntoma de que voy de más a menos, muchos de ellos amigos que dejan sus palabras de apoyo; Plaza España, un último esfuerzo para afrontar la recta de la calle de los Ventanos, y entrar con dignidad en el recinto del colegio Peñacorada, de cruzar la meta en 47´01´´.
Al final, y a pesar del esfuerzo, del cansancio y de saber que me equivoqué en la estrategia, me quedo satisfecho con mi carrera.

sábado, 15 de octubre de 2011

DE VUELTA A LA COPA

Lo normal en una semana de carrera es que haga tres entrenamientos, donde la exigencia sea igual o parecida a la que preveo tener durante la misma.
El lunes, unos ocho kilómetros, con alguna cuesta de por medio, y a un ritmo tranquilo. El miércoles, aprovechando la festividad del Pilar, quise hacer una tirada un poco más larga, pero sin pasarme; ¿quice kilómetros?, pues vale; y con esa idea empiezo, pero después de cincuenta minutos de rodaje, mi cuerpo es "atacado" por una tal "pájara", y lo que hasta el momento era una salida placentera se convitió en una pesadilla; así que cambio de dirección y para casa que, ya habrá mejores ocasiones. Y tras unos trece kilómetros y unas pésimas sensaciones, un solo pensamiento "mañana será otro día". Y ayer viernes, un rodaje suave, seis tranquilos kilómetros, y vuelta al buen camino. Así termina la semana, poco bagaje, ya lo sé, pero la verdad es que no tengo ganas de mucho más.
Y así, después de las ausencias obligadas, por mi participación en la Subida al Anglirú y el Maratón de Berlín, de la Legua y Media Nocturna de Benavides de Órbigo y de la Carrera de Relevos del Camino de Santiago, retorno a las carreras de la Copa. Y que mejor escenario que la Media Maratón de La Bañeza.
No voy a negar que es una carrera a la que le tengo un cariño especial. Desde hace años es punto de encuentro con mis amigos de Madrid, además de ser una de las primeras carreras que pasaron a mi calendario particular.
Para la carrera solo un objetivo: Dejar al cuerpo correr.

jueves, 29 de septiembre de 2011

BERLÍN: 42195 METROS DE ENSUEÑO

Me encuentro solo rodeado de miles de corredores. Hace ya un buen rato que me separé de mi ángel de la guarda, Ángeles, y de mis compañeros de aventura, Abe y Gustavo. Ángeles estará buscando sitio para ver la salida o yendo hasta el kilómetro 8, lugar donde contamos con su apoyo. Abe y Gustavo, uno situado delante y el otro detrás, inmersos entre la marabunta de corredores. Todos disfrutando del espectáculo.
Mi mirada se posa en los que me rodean y en todos veo la misma expresión de alegría, mezclada de angustia, de ilusión, de esperanza. Por la megafonía no cesan de salir palabras para mí ininteligibles, entre las que quiero entender los nombres de Patrick Makau, Paula Radcliffe, y el de Haile Gebrselassie, quien convierte los aplausos en atronadora ovación; ahora suena la música, la mítica “Carros de Fuego”; brazos en alto; la emoción a flor de piel; vuelven las palabras ininteligibles, “fünf”, “vier”, “drei”, “es la cuenta atrás” pienso en voz alta, “zwei”, “ein”, “null”; cientos de globos rojos al cielo de Berlín; vuelven los aplausos, la histeria, la pasión por correr; el corazón me late deprisa, inspiro en busca de un aire que parece no querer entrar en mis pulmones; los miles de corredores empezamos a movernos al unísono, lentamente, intercambios de miradas cómplices, de “yo estoy aquí”, de querer ya empezar a dar esos primeros pasos…… Cruzo sobre la línea de salida y, con la emoción embargando todo mi cuerpo, empiezo mi maratón de Berlín.
Las primeras zancadas, las primeras sensaciones. Corro, respiro, miro a mí alrededor queriendo atrapar todo lo que me rodea. “Esto es una pasada”. Intento dejar a un lado las emociones, ya que así se hace difícil correr; busco el ritmo adecuado para ver y disfrutar, correr y disfrutar, correr, correr. Transcurren los primeros kilómetros, la carrera, el ambiente ya se ha metido en nuestro cuerpo. El público atronador, al grito de “Go, go, go, ja, ja”, te lleva en volandas. Me acerco al kilómetro ocho, donde encontraré el apoyo de Ángeles, en esta ocasión el único en presencia. Giro a la izquierda, giro a la derecha, y allí está, dispuesta a darme toda su fuerza. No tengo que fingir ni forzar sonrisas, los pocos kilómetros que llevo y lo que estoy viviendo hace que la sonrisa sea sincera. Me alejo, seguro que con su mirada en mi espalda; por delante, a unos treinta metros, el globo de 3h45m, creo que va algo lento, pero bueno sigo ahí, voy cómodo y no tengo ni prisa ni ganas de adelantarlo.
El paso del kilómetro diez hace que miré el crono; más de un minuto por encima de mi primer objetivo, de mi MMP. Es algo que no me preocupa mucho, bueno, a decir verdad, no me preocupa nada. Quiero por encima de todo disfrutar de ésta carrera.
Continúo corriendo atrapado por el ambiente, por el público, por los corredores. Daneses, suizos, brasileños, canadienses, holandeses, polacos, argentinos, portugueses, japoneses, chinos, franceses, mejicanos, estadounidenses, ingleses, italianos, españoles, también españoles, y como no, alemanes. Banderas que hondean a nuestro paso. Banderas que gritan frases de apoyo. El globo, ese globo me descentra por unos segundos; sé que no es su ritmo, lo alcanzo, lo adelanto, pero no me gusta, mi crono dice que yo voy más lento; bueno allá él. Vuelvo a mi rollo, a mi carrera.
Ante mí el kilómetro veinte (el maldito globo ya hace que me dejó) lo que hace que mi vista se desvíe hacía el crono. He mejorado algo en ésta parte, pero no lo suficiente. No siento nada por ello, ni pena ni alegría, solo ganas de seguir.
El público con sus silbatos, cencerros, cacerolas, trompetas, con todo lo que se les pone a mano, todo vale, continua incansable, mezclados entre los grupos musicales que van marcando con sus notas el ritmo de todos, el de daneses, suizos, brasileños, canadienses, holandeses, polacos, argentinos, portugueses, japoneses, chinos, franceses, mejicanos, estadounidenses, ingleses, italianos, españoles, si, también el de los españoles, y como no, el de los alemanes. Los gritos de espectadores y corredores se mezclan; gritos de ánimo de apoyo; el “go, go, go, ja, ja”, ya se me hace familiar. Una bandera de España, unos metros, otra bandera española al aire, “venga España” les animo, “vamos campeón” me animan.
Pasa el tiempo, pasan los kilómetros, pasan los pensamientos, y sigo como al principio, aunque algo más cansado. El treinta, llego ya al kilómetro treinta, e irremediablemente la vista se va al reloj; compruebo lo que ya sabía, que hoy no conseguiría bajar mi crono en maratón. Pero, ¿creéis que me importó?, pues no. Al contrario, se me escapa una ligera sonrisa, “disfruta de lo que te queda como hasta ahora”, ese es el mensaje.
Continúo corriendo cómodo pero a un ritmo algo más lento, lo que me permitirá terminar sin sufrimiento, sin sentir la menor agonía, de eso se trata. Voy contando los kilómetros, me recreo en ello. Las grandes avenidas, con sus arboledas no dejan de sorprenderme. Me deleito en esos edificios desconocidos que me va enseñando la carrera, la Cancillería y el Parlamento, el Palacio Friedrichstadt, la Straussberger Platz, el Rathaus Schöneberg, el Kurfürstendamm, la Gedächtniskirche, la Nationalgalerie y la Philharmonie, la Potsdamer Platz y el Bundesrat, alguno quizás ha pasado desapercibido, pero la mayoría no. Sigo con mi particular cuenta atrás, la cercanía de la meta ya se nota en las caras de los corredores, la tensión de los rostros deja paso a la risa fácil. La alegría se traspasa del público al corredor y del corredor al público, el reconocimiento es mutuo; todos han hecho su esfuerzo. El giro a la izquierda del kilómetro 41 nos deja frente a la puerta de Brandemburgo, los corazones se contraen y la emoción se dispara; un kilómetro para alcanzarla, un kilómetro para cruzarla. Todos corremos con la mirada puesta en Ella. Es nuestro momento de gloria. Las zancadas se alargan, sin muestras de fatiga, con dignidad. Los pensamientos se agolpan en nuestras cabezas. Las emociones se desbordan en nuestro interior cuando la franqueamos.
Ya solo nos separan de la meta, de nuestra meta, 195 metros; metros que dedico a recordar a todos los que me han apoyado en esta aventura, en especial mi ángel de la guarda, al que busco entre la multitud sin encontrar, pero que estoy seguro ha visto mi paso con la alegría reflejada en mi cara.
Cruzo la meta dedo en alto señalando al cielo, va por ti amigo, por tu estrella.
Abrazos, lágrimas, saludos y felicitaciones, todos somos uno, daneses, suizos, brasileños, canadienses, holandeses, polacos, argentinos, portugueses, japoneses, chinos, franceses, mejicanos, estadounidenses, ingleses, italianos, españoles, alemanes, todos somos unos maratonianos.
Recojo mi medalla, la coloco en mi cuello orgulloso, camino, sigo disfrutando de lo me rodea, de lo que he vivido. Voy al encuentro de Ángeles, y de Gustavo que ya debería haber llegado a meta; los localizo en el punto convenido, en la “S”; me fundo en un abrazo con Gustavo, también orgulloso con su medalla, y con mi Ángel, orgullosa también y ya tranquila. Esperamos, con impaciencia, la llegada de Abe, quién aparece poco después sonriente, con su medalla colgada del cuello. Nos abrazamos. La fiesta es completa.

Ahora, terminado mi quince maratón, ya tranquilo, es tiempo para no olvidar lo vivido.

jueves, 22 de septiembre de 2011

BERLÍN: SE ACERCA LA HORA

Normalmente la decisión de correr un maratón se toma con mucha antelación. Cuando eso sucede se ve lejano el momento, como si nunca fuese a llegar la hora, pero llega. Y llega ese día en que decimos: "Esta semana tengo un maratón", entonces todo empieza a girar en torno a él.
Desde hace tiempo, quizás desde aquel primer maratón, tengo anotada una frase o una idea que leí en alguna revista (desconozco de quién es), que dice: "Si algo he aprendido es que ningún maratón es fácil. Ni los más llanos. El dolor y la agonía del maratón nacen de sus cuarenta y dos kilómetros, no del perfil del terreno. Conseguir que en nuestro maratón haya más alegría que dolor tiene mucho que ver lo que hagas en la última semana". Buen consejo. Yo al menos lo tengo en cuenta y en esta última semana ya no hago experimentos.
Cuido mucho más la alimentación, y la hidratación pasa a tener un papel importantísimo.
Los entrenamientos dejan de ser agresivos, para hacer rodajes de una hora, a ritmos tranquilos, y nunca más de tres salidas.
El descanso también salta al primer plano; es transcendental llegar descansado al día de la carrera, algo que a mí me aporta la primera buena sensación del día.
También es primordial en mi última semana no hacer nada que pueda influir negativamente en mi moral, mientras más alta la tenga en mejor condiciones afrontaré el reto; además de ayudar a definir el objetivo o lo que espero del maratón.
Así va transcurriendo la última semana; la de los nervios; la de los trucos o manías; la que pasa de
"Esta semana tengo un maratón" a "Hoy corro un maratón".
Y eso será domingo, cuando corra el maratón de Berlín.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

ANGLIRÚ 2011: UN SENTIMIENTO

Alzo la vista intentando distinguir el cielo del Anglirú. Estoy tranquilo. Sin preocupaciones, sin miedos. Rodeado de decenas de corredores, encerrado en mi interior, las miradas se entrecruzan. Ya he vivido este momento tantas veces que me hace pensar en si es real o no, si las sensaciones y los sentimientos son los vividos. No estoy seguro si se ajustan a la realidad, pero sí tengo la certeza de que están guardados en lo más hondo de mi ser. Sigue la espera; sigo refugiado en mis pensamientos y pienso en el sabio consejo de Carles: “Sube con el corazón pero corre con la cabeza”, y en el impetuoso consejo de la juventud de Aarón: “Qué cojones. Ni pensar ni ostias, para arriba”, y en todos los que desde la distancia están a mi lado. Es probable que mis reflexiones tomasen otros derroteros, pero la voz de preparados me vuelve a la realidad o a la irrealidad, no lo sé, y si os digo la verdad no me importa, porque estoy donde quería estar.
Empiezo a subir con toda la calma del mundo, este año con más si cabe; con la misma filosofía de siempre, respiración y ritmo, respiración y ritmo; el grupo se estira con rapidez y pronto se empieza a formar el rosario
de corredores, donde los adelantamientos a estas alturas son frecuentes; atrás ya los tres primeros kilómetros de continua ascensión, y tras un giro a la derecha la primera rampa dura; bajo la vista, acoplo la zancada, empiezo a saber sufrir; cabeza, cabeza; sin un respiro de descanso llego a Viapará, donde se hace una pausa en la lucha con la montaña; dejo que las piernas corran, que se recuperen todo lo que puedan antes de afrontar lo más duro; miro hacia arriba “se acabó la paz”; con el 21´5 % de la rampa de “Les Cabanes” se acaba la tregua; hago un rápido balance de lo que llevo recorrido y me doy cuenta de que he ido cómodo, y que me encuentro con fuerzas; afronto los primeros metros duros con la vista puesta en el lugar donde, junto a mi hijo, vi la vuelta de España, y hasta el que le prometí subir corriendo; y cumplo la promesa; estoy a siete kilómetros de meta, a seis y medio de la cima; y sigo corriendo; atrás el 21´2 % de la rampa de “Xonceo” y sigo corriendo con cabeza; el 13´5 % de “Los Llagos” dan un respiro a mis piernas; con la moral a tope, nunca había llegado hasta aquí sin parar, me voy aproximando a las rampas más duras; y sigo corriendo en busca de “Los Picones” con su 15´4 %; recojo aire, camino y disfruto de la belleza del paisaje, con la vista de Oviedo en la lejanía; sonrio mientras vuelvo a trotar, ahora con la mirada hacia arriba, hacia lo que queda, como si lo hecho hasta aquí no contase, pero cuenta, y mucho; las manos a los riñones, a las rodillas, para afrontar el 19 % de “Cobayos” y sin tiempo de nada “La Cueña les Cabres”, ese muro de 23´5 %, donde todo vale, salpicado del sufrimiento de los corredores y donde se borran todas las sonrisas; vuelvo a correr , aunque las piernas tardan unos segundo en encontrar la cadencia; “La Muena” o el encuentro visual de la cima, el lugar más ansiado de la ascensión, desde aquí vislumbro una silueta, agito la mano como si gritase “ya estoy aquí, voy bien”; la silueta agita su mano, mientras imagino una sonrisa de alivio; vuelvo a caminar en busca del 20 % de “El Aviru”, en busca de Ángeles, de la cima; el encuentro es alegre, breve; corono el coloso, y me dejo ir con tranquilidad hacia la meta; ya no hay necesidad de forzar, llegué un minuto tarde a la cima; mi rostro afloja la tensión y deja ya entrever la sonrisa mientras me acerco a la meta; y que se convierte en una sonrisa de felicidad cuando la cruzo; y que se transforma en carcajada cuando me doy cuenta de que he subido con mucha cabeza, muchos huevos y mucho, muchísimo corazón.
Espero la llegada de Ángeles, y con ella mi premio. En
mis piernas, en mis recuerdos otro Anglirú más, y van ocho; los mismos que mi ángel de la guarda, gracias.No voy a terminar diciendo que volveré el próximo año, porque quizás, desde aquella primera vez nunca me haya ido.

sábado, 3 de septiembre de 2011

X CARRERA DEL CACHÓN DE LA ISLA

Hoy tocaba Valencia de don Juan; de norte a sur y de este a oeste vamos recorriendo la geografía leonesa de la mano de la I Copa Diputación.
Llego a la plaza del ayuntamiento con una sola idea “hacer una carrera entrenamiento”.
A la hora prevista y a toque de silbato empezamos a correr; situado en la parte trasera doy mis primeras zancadas por las calles de Valencia esperando que, como en las últimas carreras, Sonia se sitúe a mi lado; abandonamos el asfalto por una bajada de piedras que nos lleva al paseo situado a orillas del río Esla; río que poco después cruzamos para adentrarnos entre chopos por los caminos del “cachón de la isla”; paraje que recorro en compañía de mi hija hasta el kilómetro 4, en el que ella decide que la abandone, “tira que hoy voy a ir tranquila” me dice, “y yo”, “tira”; continuo ya en solitario, con un ritmo sosegado, sin forzar la más mínimo, “si las cosas van bien para qué empeorarlas”; abandono el “cachón” y por el mismo puente vuelvo a cruzar el Esla, para afrontar lo más duro de la carrera, la subida en busca de las calles del pueblo que me llevarán de nuevo a la plaza del ayuntamiento, donde también está situada la meta.
Era la primera vez que iba a esta carrera y la verdad me ha gustado; creo que tiene un recorrido atractivo, además de tener una distancia (10120 metros) que me permite correr con menos exigencias.
La organización ha estado a buen nivel: puntos kilométricos marcados, agua en el kilómetros 5 (aunque cada corredor tenía que coger su botella), voluntarios en todos los cruces, utilización de “chip”, y alguna cosilla que en estos momentos se me escape.
Y en cuanto a mi carrera, pues un buen entreno, corriendo a gusto de principio a fin, de menos a más y con buenas sensaciones. La moral de cara a Berlín sigue intacta.
La próxima cita con la Copa Diputación la tendremos el sábado, día 10, en Benavides de Órbigo, donde se celebrará su II Legua y media Nocturna.
Para terminar, os dejo con las fotos de Ángeles.

lunes, 22 de agosto de 2011

XV CARRERA POPULAR DE LLAMAS DE LA RIBERA

La segunda cita del fin de semana nos llevó a Llamas de la Ribera, donde tenía lugar su XV carrera popular.
Carrera que discurre por un circuito de continuo zigzagueo, sobre hierba, tierra y asfalto, y al que había que dar tres vueltas de unos 1300 metros; a excepción de las chicas, que por esas cosas raras que tienen algunos organizadores, daban tres vueltas de unos 800 metros, además de correr separados de los varones (viva la ley de igualdad).
Muchos de los amigos que habíamos corrido ayer teníamos una cita hoy, lo que
presagiaba un buen ambiente festivo. Una fiesta deslucida por la presencia de un molesto invitado: la lluvia.
Un aguacero constante que incomodo a los corredores y que obligo a la organización a un esfuerzo extra para que todo saliese lo mejor posible.
Durante la carrera me encontré bastante bien; a pesar de que en las distancias cortas pierdo mucho, y más aún si va acompañado de continuos zigzag que me impiden coger un ritmo continuo.
Aunque desde hace dos semanas, en las que cambié el chip, y como muchos me indicáis en vuestros comentarios, aprovecho estas carreras para hacer un entrenamiento de calidad, pero sin llegar a ritmos muy exigentes que me lleven a la fatiga. Mi meta es otra, y está lejos de aquí.
Próxima cita con la Copa Diputación el sábado, día 27, a las 19:30 horas en Laguna de Negrillos.

Os dejo con las fotos de Ángeles.

domingo, 21 de agosto de 2011

VIII LEGUA NOCTURNA SANTA MARÍA DEL PÁRAMO

No me gustan las distancias cortas, no corro a gusto, y por desgracia en la I Copa Diputación de León es lo que prevalece. Pero, si me dieran a elegir entre todas ellas me quedaría con la que se celebra en Santa María del Páramo; ¿razones?, no sé, quizás sea el resultado sea la suma de sensaciones.
El caso es que por tercer año consecutivo voy a Santa María a correr su legua nocturna; a escribir la historia de una carrera que no tiene mucha historia. Primero tiene lugar las pruebas de los pequeños, donde quién sabe si algún futuro campeón esta dando sus primeros pasos. Después se da paso a los andarines, esos que quizás están cansados de correr por la vida. Y finalmente, la cita de los corredores, la que tiene lugar “al caer el sol”, como en el viejo oeste.
Me coloco en la línea de salida entre decenas de corredores, junto a Sonia o yo junto a ella (ahora todo depende de nuestros estados físicos). En mi mente una sola idea, no sufrir. Suena un disparo seco. Doy los primeros pasos de esa legua; unos primeros pasos en los que como siempre busco acompasar mis ritmos (zancada y respiración). Dejamos las calles del pueblo y nos adentramos en el carril bici o senda para caminantes que rodea la localidad. Me estoy encontrando bien, con mi hija a mi lado van cayendo los kilómetros; hoy si podré hacer de liebre o de buen caballero que me gusta más. Abandonamos ese carril bici o senda de caminantes y volvemos a las calles del pueblo antes de entrar en la pista del polideportivo y recibir ese pequeño homenaje de la gente que llena sus gradas, para terminar en 24´45´´.
Después, ya bajo la luz de la luna, esos pequeños estiramientos junto a los amigos en los que intercambiamos los pormenores de la carrera, antes de entregarnos a la ducha reparadora.
Y antes de acabar un buen día, una buena noche, que os parece alargar la velada con unos amigos, unas tortillas, unas empanadas, todo ello regado con unas cervezas sin alcohol, isotónicas y agua. Pues eso.
Os dejo con las fotos de Ángeles de la carrera; unas fotos que debido a la noche no le han dejado satisfecha.

miércoles, 17 de agosto de 2011

VIII CARRERA POPULAR DE LOSADA

Mirando el calendario de carreras de la Copa Diputación, hay un mes que asusta: Agosto.
Agosto, el mes por excelencia de las vacaciones de verano. Donde los pueblos se llenan de gente y se visten con sus mejores galas. Donde los corredores populares nos hemos encontrado con carreras un fin de semana sí y el otro también; sábado domingo, sábado, sábado domingo, sábado.
Pero entre todas ellas tenía grabado la del día 13, la de Losada. Allí había estado hace dos años, y de allí marché con buen sabor de boca. Tenía que volver.
Y así lo hice, acompañado por mi Ángel de la Guarda, y con la ausencia de Sonia.
Mientras troto durante el calentamiento, recorro mentalmente el duro circuito y defino la estrategia. La carrera de 10 kilómetros, y que para completar la distancia hay que dar dos vueltas y media por el pueblo antes de afrontar la dura subida que nos saca del pueblo y nos adentra en el monte, por donde se transcurre en un sube y baja, más sube que baja, hasta la bajada desenfrenada que nos devuelve a Losada, para dar una última vuelta antes de cruzar la meta.

Y con esos pensamientos, entre saludos y charlas, llega las 20:00 horas, la salida. Muchos corredores situados tras la línea. Me sitúo en la parte trasera, hoy quiero correr, disfrutar y recuperar sensaciones perdidas.
A la de tres empezamos a correr. Salida más lenta de lo que últimamente acostumbramos, la mayor distancia y la dureza de la carrera exige más prudencia. Con el grupo aún compacto me dedico a seguir a los que me preceden; a dar esas dos vueltas y media acompañado por los ánimos del público; a iniciar la dura subida con los ritmos acompasados (corazón y respiración); a subir y bajar por el monte como si la cosa no fuese conmigo; a seguir subiendo; a bajar y bajar; a recorrer de nuevo las calles del pueblo con el aplauso de la gente; a cruzar la meta en 50´21´´ (medio minuto menos que hace dos años).
Mientras recupero el aliento me doy cuenta que he corrido a gusto, que he disfrutado de una carrera a la que ya iba predispuesto a disfrutar, y sobre todo que no hay mal que cien años dure. Finalizada ya la sexta semana de entrenamientos, a punto de pasar el ecuador del camino que me llevará a Berlín, sé que volverán los días malos y las malas sensaciones pero eso siempre será flor de un día.

miércoles, 10 de agosto de 2011

CAMINO DE BERLÍN CON PARADA EN LA ROBLA Y SAHELICES

Decía mi paisana Josefina R. Aldecoa en su libro "Historia de una maestra": "Parece que él está en otra cosa. Como si estuviera en otra parte... ". Y esa es la sensación que yo tengo. Me encuentro como si estuviese librando una gran batalla, al mismo tiempo que libro pequeñas escaramuzas. El camino a Berlín es largo, y en el voy realizando paradas en todas las estaciones que encuentro.
Todas esas escaramuzas, todas esas paradas han hecho que el plan de entrenamiento haya cambiado. No sé si es lo correcto, quizás esté equivocado, y huviese sido mejor seguir tal como el papel decía, pero era algo que ya tenía previsto. Ya sabía que agosto sería un mes complicado.
Iniciamos la semana sin cambios, y el lunes, según lo previsto, rodaje suave de sesenta y cuatro minutos.
Ya el miércoles, ya empecé a pensar en las carreras del fin de semana; y cambié las series por un entrenamiento de cincuenta y siete minutos.
Otro de los cambios fue salir a correr el jueves, trasladando el descanso del jueves para el viernes. Haciendo una salida de cuarenta minutos, en la que mezclé llano y cuestas.

Y así llego la primera escaramuza: VIII Cross Popular "José Manuel García", carrera que tenía lugar en La Robla, y que forma parte del calendario de la I Copa Diputación. Carrera sobre una distancia de seis kilómetros y que para completarlos había que dar tres vueltas. No me encuentro nada cómodo en esas distancias y por supuesto no me encontré cómodo durante la carrera. Salida rápida, como si la gente tuviese prisa. Aquí no hay tiempo para coger ritmo, o sales ya con él o estas peerdido. Yo estuve perdido. Tengo la idea de ir con Sonia, pero antes de acabar la primera vuelta me doy cuenta de que me va a resultar difícil, y nada más cruzar por primera vez la meta le indico que si va bien siga. Mientras la veo alejarse intento coger otro ritmo que no me haga sufrir en esceso. Y mientras transcurren las otras dos vueltas pienso en si el cambio de planes ha merecido la pena; la verdad viendo el resultado creo que no.

Sin tiempo para meditar o asimilar el fiasco del día anterior me meto en la segunda escaramuza de la semana: XXXI Carrera Popular "El Payuelo" que se disputaba en el pequeño pueblo leonés de Sahelices de Payuelo; también puntuable para la Copa.
Esta carrera también es de las que la gente tiene prisa y hay que ir caliente de casa. Hoy teniamos ocho kilómetros, al final unos siete kilómetros y algunos metros; eso los chicos, que las chicas daban solo dos, lo que eliminaba toda opción de acompañar a Sonia. Así que un pensamiento recorría mi cabeza, no sufrir. Salí a un ritmo tranquilo y así corrí durante las cuatro vueltas. Al menos me sirvió para levantar unas sensaciones que ayer habían quedado por los suelos.

lunes, 13 de junio de 2011

IV CARRERA DE LA ESPERANZA

Desplazarme a La Bañeza, aunque sea a correr, no me supone un gran esfuerzo. Mucho menos, como en esta ocasión, si además de correr se colabora con una buena causa: La lucha contra el cáncer. Y es que el club "Mujeres running" de La Bañeza, organizadoras del evento, entregan la recaudación "integra" a la Asociación Española de Lucha contra el Cáncer.
Los prolegómenos de la carrera no distan mucho de las de otras, llegada con tiempo suficiente para la recogida de los dorsales, para tomar un café, para charlar con los amigos, para calentar...y para sentir la carrera desde el principio.
Situado en la línea de salida, junto a mi hija, repaso las sensaciones que tiene mi cuerpo, no son malas. ¿Me he recuperado del esfuerzo de los Aquilianos?, creo que sí, aunque tengo ganas de descansar, de parar un poco. A la de tres (como cuando éramos niños o no tan niños) empezamos a correr. Por delante ocho kilómetros, sobre un circuito urbano al que hay que dar dos vueltas. Salida rápida, como siempre que se trata de una carrera relativamente corta. Deseo suerte a mis amigos y a mi hija, y me voy a por mi ritmo. Pronto nos encontramos con la corta pero dura rampa (el único desnivel de la cita), la subo con alegría, sin forzar la respiración, sin querer perder el tren de los que me rodean. Después una suave bajada nos deja dos kilómetros de llano antes pasar por la línea de meta por primera vez. Empiezo a notar el cansancio en mis piernas, pero no me encuentro mal. Otra vez la corta pero dura rampa. Se me atraganta un poco, aunque los ánimos de Siridia me vuelven al esfuerzo, a no dejarme ir a un ritmo cansino. Otro grito de ánimo que a mi me parece anunciar la cercana presencia de mi hija. No miro hacia atrás. Nunca o casi nunca lo hago. Sigo corriendo. "Papá" oigo a mis espaldas. Es Sonia, mi hija, quien se pone a mi altura. Por primera vez me ha dado alcance. Paro mi crono, 24 minutos y 36 segundos de la carrera de La Esperanza; como si quisiera atrapar para siempre ese momento. "Te espero". "No, sigue". Y la veo alejarse poco a poco, no hago nada por alcanzarla, no tiene sentido, si hubiese tenido fuerzas me habría ido con ella. Sigo con mi ritmo, sintiendo que la alegría recorre mi cuerpo mientras recuerdo esas carreras en las que quería saber del sufrimiento de ella, y ahora, ahora sé que va bien, que no tengo por qué preocuparme. Me siento feliz por su progresión, en la que, aunque solo sea un poquito algo tendré que ver. Por lo demás, todo era una cuestión de tiempo, de un día, de una carrera. Y con esos pensamientos enfilo la recta de meta, donde al fondo, detrás de la línea me espera Sonia. Veintitrés segundos después traspaso esa línea, abrazo a mi hija y la doy un beso.
Pero no acabaron ahí las sorpresas, ya que Sonia quedó segunda en su categoría. Un pódium que premia sus esfuerzos y sufrimientos, y que a mí me hace sentir orgullo de padre.
Para terminar felicitar a Mujeres running por su excelente organización, y por el apoyo que dieron durante todo el recorrido. Mandar un saludo a Geli, mujer running, a la que tuvimos ocasión de saludar. Y como no, agradecer el apoyo incondicional de Ángeles.

martes, 7 de junio de 2011

XVI TRAVESÍA INTEGRAL MONTES AQUILIANOS

Las seis de la mañana. Ponferrada, en la vieja plaza. Una ciudad aún callada y ajena a lo que un puñado de valientes van a hacer. Rodeado de esos valientes, con la proximidad de Miguel, mi hermano, de Susana, mi sobrina, y de Ángel, mi amigo y culpable de que hoy este aquí. Parece como si el tiempo se hubiese detenido, como si no hubiese pasado un año desde la última vez que sentí esos miedos, esas dudas, esa emoción. Dan la salida y nos ponemos en marcha con un suave trote, en silencio para no despertar a los que duermen de su sueño y para que no se rompa el nuestro. Abandonamos Ponferrada ya queriendo clarear el día, pronto veremos el impresionante paisaje. Y abandonamos la compañía de Miguel y Susana, ellos con su ritmo más pausado harán el recorrido “B” de 44 kilómetros, mientras Ángel y yo con un ritmo no mucho más rápido haremos el recorrido “A” de 61 kilómetros. Suerte para ellos y suerte para nosotros y suerte para todos. Mi amigo y yo continuamos con nuestro trote, de llanear pasamos a una fuerte bajada (la primera del día) que nos lleva a orillas del río Oza, y con el arrullo de sus aguas y entre senderos de robles, castaños y algún que otro chopo llegamos a Villanueva de Valdueza, primer punto de avituallamiento.
No paramos, bebemos y comemos, nos aprovisionamos de agua y continuamos por un camino en ligera ascensión, pero que tras un giro a la izquierda nos deja en un sendero con fuerte desnivel, que aunque no es excesivamente largo ya avisa de lo que nos espera. Con pasos cortos salvamos el desnivel y quedamos a merced de bonitas vistas que contemplamos mientras trotamos camino de nuestro segundo avituallamiento Montes de Valdueza, y donde las rutas “A” y “B” se separan.
Pequeño descanso, aprovechado para comer y beber, y valorar la carrera hasta estos momentos, “algo más rápido que el año pasado ¿no?” “puede”.
Cargados ya con nuestras mochilas reiniciamos la marcha. Vamos trotando entre montes de castaños, de pinos y encinas hasta llegar al collado de la Malladina. El paisaje cambia, y cambian las sensaciones de mi amigo, en la dura subida de su ladera (nada para lo que nos espera) empieza a tener algún calambre. Ralentizamos la ascensión, tampoco hay prisa, arriba un manto de verdes praderas nos acerca hasta Santiago de Peñalba, bonito pueblo de casas de piedra que se muestra desierto, como todo lo que lo rodea, donde se oye el silencio y del que Ángel se quedo prendado el año pasado.
Fiel a nuestro planteamiento de carrera, no hacemos una parada larga, cargamos los depósitos de nuestro cuerpo de líquidos y sólidos, y reponemos las botellas de la mochila, cinco minutos y ahora empieza lo bueno, la subida a la “Silla de la Yegua”, con sus 2143 metros.
Abandonamos Santiago en busca de la senda que nos lleve hacía la cima. Una senda vertical que atraviesa la dura ladera y que vista desde abajo no enseña su final. Sabemos a lo que nos enfrentamos, apretamos los dientes, paso firme, paso decidido. Vuelven los calambres, Ángel se queja, estira, continúa despacio, “tira”. Voy delante, pasos cortos, de reojo miro a mi amigo, me preocupa, queda demasiado para tener problemas, para sufrir. Las vistas cada vez son más impresionantes, “solo por esto merece la pena”, para perder el sentido. Ya estamos arriba, desde aquí todo parece más fácil.
Nuevo avituallamiento, otro pequeño descanso, “¿qué tal?” ”bueno”, y a continuar. Nos espera Pico Tuerto con sus 2051 metros, donde llegamos después de una dura bajada y una dura subida, salpicada de flores y colores, y rodeados de un silencio solo roto por nuestras pisadas.
Brevísima parada de control, aquí no hay avituallamiento, y a por La Guiana con sus 1849 metros. Ángel sigue con sus problemas, pero continua, es duro el tío. El paisaje no cambia, subidas y bajadas, flores y flores, colores y colores, todos los que podamos imaginar. Una piedra, una rama, o un arrastrar de pies, un golpe, un grito, me giro y Ángel caído en el suelo. “A perro flaco todo son pulgas”. Pequeño golpe en la cara, se le suben los gemelos, le ayudo, “levántame” “hhhh, pero cuánto pesas”, risas. No pasó nada. Llegamos a La Guiana, lo peor ya pasó.
Pequeño descanso, lo justo para reponer cuerpo y mochila. No queremos quedarnos fríos, quizás para mi amigo fuese lo peor. Salimos por el empinado cortafuegos para coger un terreno de pistas y caminos, rodeado de pinares, por donde se hace fácil correr. O debería ser fácil o nos gustaría (como el año pasado), pero los gemelos de Ángel se quejan de vez en cuando y nos obligan a parar. Le dejo hacer, que marque el ritmo, las pausas. Corremos y andamos, camino de Ferradillo, penúltima parada.
En Ferradillo hacemos una parada algo más larga y reponemos nuestras fuerzas, antes de afrontar los últimos 17 kilómetros, además de aligerar de peso nuestras mochilas.
Al salir de Ferradillo recibimos la llamada de Miguel. Todo les fue bien, buenas noticias. A nosotros aún nos queda, aunque el terreno es favorable. Un buen camino nos desvía hacía una senda pronunciada y por momentos complicada. Trotamos y andamos, lo que mi amigo pueda. El cielo se pone negro y nos rodean los truenos y los rayos. “Solo faltaba eso”. Llegamos a Rimor, último control, y la lluvia nos ha respetado.
Pero hasta aquí llego el respeto. Mientras rellenamos nuestras botellas vemos como el suelo se llena de gordas gotas de agua. Elevamos nuestra vista al cielo y no parece que nos vaya a caer mucho, aunque a estas alturas nos parece un castigo innecesario. Yo había dejado el chubasquero cuando aligere de peso la mochila, así que con un saco de basura que me dejan en el avituallamiento para protegerme de la lluvia abandonamos Rimor.Cansados, como no. Entre cerezos, trotando o andando llegamos a Toral de Merayo. Y Entre viñedos, entre el Sil y el Pajariel, llegamos a Ponferrada. A su castillo. A su plaza de la Encina donde somos recibidos por Ángel-illo y Esther y por Ángeles. Y llegamos a su plaza del Ayuntamiento, a esa vieja plaza, nuestra meta. Y nos abrazamos, “lo hemos vuelto a lograr”.

martes, 10 de mayo de 2011

CORRER Y SEGUIR SOÑANDO


La torre de la iglesia del Salvador es testigo de la llegada de los atletas, los que van a correr las XXV Carrera Popular del Salvador. Hoy empezarán corriendo los más ilusionados, los pequeños. En sus caras de niños se ve la tensión, todos sueñan con ganar. Los gritos de sus padres, de sus amigos, suenan como ruido de fondo, solo mitigado por el ruido de la megafonía. Las carreras encierran muchas historias, todas entrañables, pero cuando son los ‘peques’ los protagonistas mucho más.
Después, la hora de los mayores, quizás el espejo donde se miran esos niños. De unos mayores en los que se ven caras más relajadas, ellos soñaron un día con ganar, ahora ya no piden mucho, solo correr y seguir soñando.
Y llegó mi hora y la de muchos, y la de todos. Una salida rápida, nada fuera de lo previsto para una distancia de ocho kilómetros (corta para lo que acostumbramos), que apoyada por una ligera bajada hacía que corriésemos más deprisa; pronto nos encontramos con una larga cuesta que nos hace volver a la realidad, que nos hace ser más prudentes, sabemos que por allí pasaremos otras tres veces más; lo dura que se hace la subida y lo fácil que hacemos la bajada, y que pronto se acaba; llaneamos un poquito, pero muy poquito, la carrera imperceptiblemente vuelve a tirar hacía arriba; la animación va en aumento, la primera vuelta liquidada, “cuenta que nadie lo va a hacer por ti”. Ante mí, de nuevo, la cuesta, los grupos ya están formados; la bajada, adelanto a uno, me adelantan dos; llaneo, adelanto a dos, me adelanta uno, o son los mismos; otra vez la algarabía, “atento que llevas dos vueltas”. Otra vez la larga subida, otra vez la corta bajada, otro que me pasa otro que paso, caras de esfuerzo, caras de, caras; a mis oídos llegan los aplausos, los chillidos de ánimos, “ojo que tres vueltas, solo una más ¿eh?”. Oigo sirenas, jo… como corre el tío, me doblan sin piedad; la última subida, doblo con pena me doblan si piedad; la última bajada; el último esfuerzo, me encuentro a gusto, creo ir bien, voy bien; llaneo la subida imperceptible; aplausos, “cuidado que te quedas aquí”; giro a la derecha, giro a la meta, 38´20´´.
Ya se acabo, otra más. Me queda la sensación de, quizás, haber podido correr más deprisa y mejor. Pero, quizás, esa subida me hizo ser más reservado. No me gustan las carreras de tantas vueltas, con dos ya esta bien. Pero bueno es lo que hay.

lunes, 2 de mayo de 2011

II CARRERA POPULAR DE SANTO TORIBIO

En la plaza del ayuntamiento de Astorga reina el buen ambiente, empieza a llenarse de corredores, quienes entre saludos miran al cielo gris, pidiendo que no deje escapar su lluvia.
La segunda edición de la carrera nos dejaba un cambio de circuito con respecto al año anterior, en esta ocasión daríamos dos vueltas para completar los diez kilómetros, algo qué no nos iba a privar que entre zancada y zancada, entre bocanada y bocanada de aire, contemplemos sus lugares más emblemáticos: la Catedral y el Palacio Episcopal.
En cuanto a mi carrera, fui de más a menos; salí tranquilo, pero pronto me olvidé de que mi cuerpo estaba en periodo de recuperación, y me deje ir por el ritmo que me rodeaba, aunque la lógica no tardaría en imperar, en este deporte nunca falla, y tras una buena primera vuelta llego la segunda, donde las piernas no corrían tan fluidas pero el crono avanzaba impasible, un crono parado en 46´54´´ y que a pesar de todo me dejo más que satisfecho.
Agradecer, a la organización
el gran esfuerzo que han realizado para consolidar su carrera, que a mi juicio y con relación al año anterior ha mejorado bastante y creo que el cambio de recorrido ha sido un gran acierto, y a todos los que, desafiando al tiempo, estaban animando a los corredores, en especial y por la parte que me toca a Ángeles.

sábado, 30 de abril de 2011

I COPA CARRERAS POPULARES DIPUTACIÓN DE LEÓN

Mañana da comienzo la I Copa Carreras Populares Diputación de León. Esperemos que el trabajo y esfuerzo se vea recompensado con el apoyo de los corredores de esta provincia, para que así continuen adelante iniciativas como estas.
Iniciativa ya demandada por muchos de los corredores populares, ya que era del todo ridículo que en un mismo día coincidiesen dos e incluso hasta tres carreras.
El pistoletazo de salida se dará en la bonita localidad de Astorga, con la II Carrera Popular de Santo Toribio; donde se correra una distancia de 10 kilómetros, y además habrá carreras para los más pequeños quienes intentaran emular a sus padres, mientras a estos se les cae la baba.