jueves, 26 de marzo de 2020

RUTINEANDO

Rutinas entre cuatro paredes. Rutinas hechas para pasar el tiempo lo mejor posible; rutinas para sobrellevar los días de encierro. Una y otra vez lo mismo, o casi. Ese teléfono que llama tu atención, para recordarte que hay gente ahí fuera.
¡Todo es tan distinto ahora!. El ritmo de vida nos cambió de golpe, de la noche a la mañana. Y sin darnos cuenta, pero también sin quejas, que aunque tarde, era necesario. Ahora toca adaptarse, para que este mal sueño quede pronto en un mal recuerdo.
La mejor solución, el mejor remedio, es quedarse en casa, algo que mucha gente no acaba de entender. “No hay que ir supermercado quince veces al día, ni todo los días; ni reventar al perro a paseos, que ya no tiene ni ganas de mear; ni ir a ver a tu suegra cuando hacía cuatro años que no la veías” me decía el otro día mi amigo Anselmo, “falta mucha solidaridad” remató mi amigo.
Son días de tener mucha paciencia y de quedarse en casa. Yo me quedo en casa.

martes, 24 de marzo de 2020

AIRE FRESCO

Fue el sábado; este sábado, y después de siete días salí a la calle. No, no me salté mi confinamiento, solo fui a por el pan. Solo fueron setecientos metros, quizás ochocientos. El paseo no fue muy largo, no se trataba de eso.
Abrir mi puerta, salir y empezar a bajar las escaleras; salir a la calle, respirar hondo, llenarme de sensaciones extrañas, sentirme raro. Camino despacio. La calle vacía, apenas unas personas, que ni se acercan ni se atreven a mirar. Sin prisas, queriendo disfrutar de este instante, de este pequeño recreo. Boca y nariz tapados, guantes, me siento raro. Llego y espero fuera mi turno; entro, compro el pan, el periódico, y retomo el camino de vuelta. Despacio como antes y solo, apenas cuatro personas que me rehúyen. Llego al portal, entro y subo las escaleras, abro la puerta de casa. Se acabó. Apenas setecientos metros, quizás ochocientos, para volver a mi encierro.
Ahora a esperar al próximo sábado, para poder volver a disfrutar de otro pequeño paseo, para poder volver a respirar aire fresco. Mientras tanto: Yo me quedo en casa.

viernes, 20 de marzo de 2020

DE CUANDO EN CUANDO

De cuando en cuando me acerco a la ventana, una de mis últimas distracciones, y miro el parque vacio y cerrado; solo ocupado por unas cuantas palomas que corretean por el suelo sin ser molestadas, y que quizás, pienso, estén extrañadas de tanta soledad. Miro como el viento balancea las hojas. Miro al cielo y suspendo mi vista en esas nubes, en busca de otros momentos, de recuerdos.
De cuando en cuando cojo el libro; ese libro que dejé sobre la mesa hace, hace nada. Lo abro, y retomo la lectura, con la sola intención de que su historia me aleje de estas cuatro paredes, de que me haga vivir otros sueños u otras vidas.
De cuando en cuando dejo de pensar. Solo me siento y dejo mi mente vacía. De cuando en cuando no hago nada.
De cuando en cuando está bien quedarse en casa, y quizás ahora es uno de esos momentos. Yo me quedo en casa, y quizás, tú también deberías quedarte. Quédate en casa.

martes, 17 de marzo de 2020

A ESPERAR


Esta vez no habrá final feliz; ni tan siquiera habrá final. Andaba por la sexta semana, sin pena ni gloria, porque desde hacía quince días no tenía buenas palpitaciones. Y es que se veía venir, y si no se veía venir, yo al menos lo intuía. Pasaban los días, los entrenamientos, y las noticias que constantemente surgían no presagiaban nada bueno. Suspendido Roma, suspendido Barcelona, y como dice el dicho popular “cuando veas las barbas de tu vecino pelar, pon las tuyas a remojar”; y suspendido Madrid. Se acabó.
Ahora toca re planificar, y buscar nuevas citas y nuevos retos. Aunque antes, hay que matar a este dichoso virus que ha trastocado nuestras vidas; ahora toca tener mucha paciencia.

sábado, 14 de marzo de 2020

RE-VERSOS: DE CARLOS BOUSOÑO

Yo iba contigo

Yo iba contigo. Tú con tristes ojos
parecías la tarde en la mañana.
Mi amor, al verte triste, atardecía.
Atardecía, pero alboreaba.

Pues yo te quise más. Para alegrarte,
la luz del mundo celebré más ancha.
Y mi alma entonces exhaló el perfume
agreste y fresco que madruga y canta.

Como el jilguero su garganta oprime
en donde suena una experiencia humana,
se escuchaban arrullos, liras, voces,
tambores, venturas, violas, arpas.

Y el mundo era el sonido no vivido
que en mi interior vivía y resonaba.

De Carlos Bousoño.

sábado, 30 de noviembre de 2019

RE-VERSOS: ÁNGEL GONZÁLEZ



Letra para cantar un día de domingo

Y a última hora no quedaba nada:
ni siquiera las hojas de los árboles
—acacias—, ni el viento de la tarde,
ni la alegría, ni la desesperanza.
La caricia que pudo haber rozado
aquella piel, no se produjo porque
aquella piel no era la tuya,
ni los ojos
que me miraban eran
tus ojos, ni el deseo
—que en otro tiempo hubiera sido
suficiente tenía
sentido, desviado
del cauce de ti misma.

A última hora había pasado un día,
y al sentirlo hecho sombra, y polvo, y nada,
comprendí que la luz que había llenado
sus horas,
y todas las palabras
que ocuparon mi boca, y los gestos
de mis manos,
y la fatalidad de mis designios,
y las calles que anduve paso a paso,
y el vino que bebí, y la alegría
de saber que existías en el mismo
instante,
no eran sólo el fracaso repetido
del Día del Señor, sino que eran
un día más sin ti:
comprendí con dolor que jamás, nunca
para mí habría domingos ni esperanza
fuera de tu mirada y tu sonrisa,
lejos de tu presencia tibia y clara.

de Ángel González

domingo, 14 de julio de 2019

VIII Carrera Popular Sena de Luna: Entre amigos


Sena de Luna me reencuentra con mis amigos del Nunca correrás solo, con los buenos momentos, con las risas de la pre carrera y con las risas de la post carrera; con todo lo bueno que me deja el correr.
No queda mucho para que empiece la carrera, y todavía no he hecho nada para calentar; los saludos a los amigos, las breves charlas, se han llevado el tiempo. Un breve trote de ida y otro breve trote de vuelta han valido, por lo menos, para despertar al cuerpo y hacerle ver a lo que ha venido.
Tras la línea de salida, en la parte trasera del grupo, espero el momento. Desde el cinco hasta el ya. ¡Vamos al lío!. Con tranquilidad y con la única consigna de disfrutar sin sufrir lo más mínimo doy los primeros pasos de realidad. El entorno merece la pena para correrlo. Caminos y sendas de sube y baja, de piedras y tierra, de sol y sombra. Con la montaña altiva en la distancia y el río modesto, el Luna, casi a nuestros pies. Con la dura subida por la interminable calle de Rabanal de Luna. Ir y venir, sin presión; sin la presión de las prisas. Siguiendo pasos de amigos, compartiendo mis pasos con ellos; cruzando mi meta recordando la meta de Comillas.
Buena mañana, llena de grandes momentos. ¡Gracias chic@s!